IMGP2493Crianza ancestral es, para mí, un tipo de maternaje basado en el corazón, en el útero. Es un estilo de criar totalmente conectado a nuestros instintos más primarios, totalmente despierto a la sed del cuerpo, al gozo de la sexualidad en femenino.

Crianza ancestral es, para mí, hacer lo que mi voz sabia, interior, me guía en cada instante. Es mirar a mi bebé y actuar según mi sabiduría innata sabe, y no lo que una revista, la suegra, la madre o pediatra, dicen.

Crianza ancestral es, para mí, sentirte la mujer-madre más llena del mundo, más dichosa y feliz, porque sientes verdadero placer día a día, maternando a tu bebé. Pero es también sentirte la mujer-madre más infeliz del mundo porque sientes, muchas veces, que tocas fondo, que estás vacía para dar.

Crianza ancestral es, para mí, reconocer por tanto mis heridas de mujer adulta, las que radican en mi infancia, en mi propio maternaje, para poder comprender por qué a veces me siento vacía para dar, y cómo puedo remediarlo.

Crianza ancestral es, para mí, maternar, sostener, nutrir a mi bebé a la vez que materno, sustento y nutro a mi niña interior. Es crecer juntas, juntos. Es rendirme a aprender de este nuevo ser.

Crianza ancestral es, para mí, darme cuenta de que es necesario parirme a mí misma, de nuevo, y generarme una Madre Interior Nutriente, porque sólo así podré serlo para mi bebé. Y este proceso, que se dice fácil y pronto, es uno de los más dolorosos que puede vivir una mujer (el puerperio es tiempo de sombra, no lo olvidemos).

Crianza ancestral es, para mí, un camino que te lleva hasta las personas más acordes con tus valores, energía, vida… Y que te aleja irremediablemente de las demás. Incluso termina con relaciones tóxicas que pensabas que nunca podrías acabar.

Crianza ancestral es un tipo de crianza poco compatible con la sociedad actual, pues muchas veces las obligaciones externas no nos permiten hacer lo que nuestra voz interior nos dice que es lo mejor.

Por tanto, la Crianza ancestral, hoy día, es una Revolución.

Y, por tanto, las mamás que decidimos criar de esta manera nos convertimos en guerreras, cuando el maternaje y la cueva puérpera nos deja muy pocas energías para poder librar batallas. Pues el puerperio, el tiempo de crianza, no es momento para enfocar las energías para afuera, sino para nuestra cría.

Crianza ancestral es, pues, para mí, decisión de valientes, de sabias, de brujas. Y, aunque en realidad las madres siempre somos criticadas, criemos como criemos, porque esta sociedad acepta la violencia hacia nuestro colectivo, decidimos que para poder criar bien tenemos que maternarnos a nosotras mismas, al mismo tiempo, y construirnos de nuevo, porque lo que ese bebé nos viene a enseñar tiene que caber en algún espacio sagrado de nuestro ser. Decidimos ver lo que nos duele y llorarlo, pero dejar de barrerlo debajo del sofá.

Crianza ancestral es dejarse morir la parte herida, por fin, liberarnos de ese dolor, para dejarnos ser amor, y ofrecerlo sin generar deudas, a nuestro hijo.

Y cuando alguien me dice que ya no soy la de antes, sonrío, de verdad. Pero, ¡cómo iba a serlo si en este proceso de crianza intenso me he tenido que dejar morir más de cincuenta veces! ¡Cómo iba a serlo si, ahora, que ya brotan hierbas verdes, sigo encontrando partes cuarteadas, con cicatrices! ¡Cómo voy a ser la misma de antes después de atravesar mil veces el ciclo de vida-muerte-vida, de mudarme la piel en tantas ocasiones! Y qué suerte, qué gratitud siente mi corazón y mi alma por el viaje.

 

Fotografía:
“Retiros de Casa de Luna. Julio 2016.”
www.casadeluna.org
@CasadeLunaHaciaUnaFeminidadConsciente

Crianza ancestral
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