la mística del día a díaLo que se me olvida.

Lo que mujeres bellas y especiales, sabias, que tengo la suerte (enorme, enorme, enorme) de conocer, me traen cuando me pierdo o veo niebla. Gracias.

Lo que se me olvida tan a menudo: La mística del día a día. Lo Sagrado del criar con apego, con cuerpo, con gozo, con amor, con miedo, con verdad, con instinto, con todo. Con todo lo que tengo y con lo que no sabía que tenía pero también. La mística de todo ello.

Lo Sagrado de despertarme cada mañana junto a ella.

Lo Sagrado de despertarme cada día con su vocecita.

Lo Sagrado de ser ella la primera persona que veo, a diario.

Lo Sagrado de haber aprendido a tener el cuerpo blandito y calentito, a punto para cobijarla y nutrirla.

Lo Sagrado de que mi cuerpo se haya remodelado para convertirse en su nido perfecto, y que mis pechos no cesen de ofrecerle leche, alivio, consuelo y amor.

Lo Sagrado de que mi espalda me doliera más cuando estudiaba y trabajaba fuera de casa que ahora, aun pasándome el día y la noche en posturas dignas de un acróbata.

Lo Sagrado de ser dos y, gracias al amor, convertirnos en tres.

Lo Sagrado de que me escogiera como a su mamá.

Lo Sagrado de criarla desde el amor y el respeto.

Lo Sagrado de ser la responsable de sus bases emocionales internas, para el resto de su vida.

Lo Sagrado de sentirme más viva que nunca, aun habiéndome dejado morir tantas veces (y sabiendo que me quedan otras muchas).

Lo Sagrado de no tener tiempo para las neurosis.

Lo Sagrado de ocupar todas mis horas (diarias y nocturnas) en una labor tan delicada como es la de criar a un ser para que sea lo más entero, feliz, lleno y capaz, posible.

Lo Sagrado de darme cuenta de que mi queja de “no tengo tiempo”, no tiene sentido alguno, pues está escrito para mí que ahora este tiempo no existe más que para criar como siento que todos los bebés de esta Tierra tendrían que ser criados.

Lo Sagrado de descubrir que la renuncia a una misma, al ego, es tan dura, tan ardua. Y aún pensando tantas veces que no puedes más, seguir porque no podrías hacerlo de otra manera.

El tiempo que antes era para estudiar, trabajar, salir, ir a la biblioteca (no a la sala infantil), salir con amigas hasta las tantas, viajar sola y con una mochila, preocuparme, excederme, tomarme un café leyendo ese libro de poesía, quedarme hasta las tantas viendo películas que me gustan, etc. ahora ya no es. No existe para mí. Volverá. Quizá. O quizá no. Por decisión propia o porque la vida así me lo traiga. Pero da igual. Lo único que importa es el presente, el ahora. Lo demás no es. Mi tiempo ahora, el tiempo de la renuncia del ego que la etapa vital de la Madre me trae, es otro.

El tiempo para cuidar.

El tiempo para amar.

El tiempo para ofrecer mi cuerpo.

El tiempo para ser observadora más que instructora o guía. Y sin juzgar.

El tiempo para aprender a vivir la vida y disfrutarla, pero de verdad.

El tiempo para sentirme agotada y no saber cuándo podré descansar.

El tiempo para descansar.

Quizá sea el tiempo para descoser profundamente cada uno de los puntos anteriores y rehacerlo desde la consciencia y el amor a todas las mujeres de mi linaje y de esta Tierra que vivieron la misma etapa vital que yo pero sufriendo, sintiéndose menos, aguantando demasiado, siendo esclavas… Quizá las mujeres que decidimos quedarnos en casa y criar a nuestros bebés, a nuestras familias, estemos en realidad haciendo el trabajo de deshacer los patrones de nuestras abuelas en cuanto al arquetipo de la Madre, y seamos las responsables de hilar de nuevo lo que es la Maternidad. La que es placer en sí misma y también dolor, la que cambia este mundo. La vuelta a lo que fue, en un mundo pre-patriarcal. Quizá esta llamada tan fuerte que sentimos sea la de nuestras abuelas de la Vieja Europa (las que criaron en una sociedad matrilineal, gozosa, más sana y justa que la de ahora, en la que la vergüenza hacia el cuerpo femenino no existía) diciéndonos: “Sois vosotras las que, a través de la re-dignificación de los cuidados, del seno materno, de la Madre y del maternaje intenso, borraréis las memorias de desamparo y violencia que arrastran vuestros hijxs y podréis, así, sanar esta Tierra y a todos sus Seres.” 

Y quizá así sea.

 

Crianza ancestral: La mística del día a día

2 thoughts on “Crianza ancestral: La mística del día a día

  • 18 de enero de 2017 a las 23:33
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    Ke lindo ,de no haber leido esto tan bello ke escribieron,pude haber seguido sufriendo en cambio ahora estoy como plena! Liberada! Y siento ke aki con El todo es eternoamorosocalido y muy cansado pero lo adoro y me sentia culpable…AHORA PUEDO AMAR EN PAZ!!! Gracias!!!

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    • 19 de enero de 2017 a las 20:01
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      Leonela, me alegro mucho de que este post te haya ayudado! De verdad! Gracias a ti por compartirlo con nosotras, un abrazo fuerte!!!

      Responder

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