imgp2599Siento una profunda necesidad de cuidar mucho mis palabras y mis actos, desde que Lúa está conmigo. No es que antes no la tuviera, pero ahora se ha multiplicado por cuatro, por lo menos. Ella se fija tanto en mí… Que a veces hasta me da miedo. Hace unos meses empezó a coger su peine y a peinarse cuando yo lo hacía. Después de lavarme las manos, ella se ponía de puntillas con los brazos estirados y me pedía que se las lavara a ella, igual, en el lavamanos. Cuando abro mi armario para sacar la ropa que me pondré, ella se coloca entre mis piernas y me da camisetas, pantalones… Lo que tiene más a mano, para que me lo ponga. Si como algo me mira y dice “ñam, ñam”, estirando los bracitos para que le dé. Y si bebo agua, “agua, mama, agua”. Quiere beber. Si digo “hola”, cuando me cruzo con los vecinos por la escalera, ella dice “hola” justo después. Si me asusto y grito, ella me mira y grita. Un día me puse a llorar y, ella, que estaba durmiendo plácidamente a mi lado, se puso a llorar también, un segundo después. Su padré alucinó, dijo “esto ha sido alucinante, ahora sí que me creo lo del mundo emocional entre mamá-bebé”. Cuando cuelgo el teléfono, coge el suyo de juguete y habla. En los Retiros vio como limpiábamos energías con sahumerio, y ahora cada vez que coge mi palo santo se pone a soplar. Además, desde que vio como poníamos el punto rojo en la frente de las mujeres, en los ritos de iniciación, utiliza el rojo de las pinturas de mano para hacérselo en su frente, y en la mía. Desde no hace mucho, cuando le digo “vamos a pasear”, coge su bolso y se lo cuelga cruzado, como yo, después va hasta el recibidor, donde tenemos los zapatos, coge los suyos, se sienta en la silla donde nos calzamos todos,  y espera para que se los ponga. Y así muchas cosas más.

 

Pero, yo soy mujer-madre con miles de heridas y conflictos que sanar, como todas. Soy mujer-madre aprendiendo día a día a hacer las cosas mejor, a utilizar las palabras adecuadas, a ser más coherente con lo que voy descubriendo que soy. Y me equivoco muchas veces. Algunas veces aún me defiendo sin haber sido atacada, por ejemplo, algo que aún está ahí como herida adolescente para terminar de curar. Algunas veces pierdo la paciencia y levanto la voz. Algunas veces no respeto mis límites y me agoto. Algunas veces tengo ganas de llorar y no lo hago porque, delante de los demás, me sigue costando mucho. Algunas veces lo espiritual se me impone ante lo material, y dejo cosas importantes para otro día, o semana. Algunas veces no sé gestionar bien mi energía creativa y se me vuelve destructiva, y soy una Kali poderosa que asusta a los adultos más cercanos. Y así muchas cosas más.

 

Y esta niña-sol, esta niña-luna y estrellas y tierra de la madre, es un reflejo de mí, de su mamá, de esta mujer-madre llena de imperfecciones y de asuntos por resolver. Qué gran responsabilidad. Si cada etapa del maternaje tiene su dificultad, su oscuridad, para mí esta sería seguramente una de las más difíciles. Y antes de dormirme, cada noche, reviso el día, y reviso mis actos y palabras, y a veces me doy cuenta de algo que antes se me hubiera pasado por alto, pero ahora no, ahora mi niña está ahí reflejándomelo, y se me acelera el proceso de sanación. Y limpio. Limpio mis palabras, limpio mis actos, limpio mi corazón. Lo hago haciéndome un Reiki mientras recito el Mantra de la Madre, el que me conecta con el Amor Universal, y me visualizo enterrando en la Tierra todo lo que encuentro y me gusta poco, porque sé que la Madre lo transmutará en pura Vida.

 

Y así, día a día, noche a noche, voy puliéndome gracias a ella. Voy mirando lo que me duele para ahorrárselo a ella. Es un trabajo de Amor, me digo cada vez que me da pereza o miedo. Y los trabajos de Amor son Sagrados. Y lo Sagrado no es tontería.

 

Lo Sagrado es, para mí, la esencia del ciclo de la Vida-Muerte-Vida, algo sin lo que nada tendría sentido. Ojalá esto, que tengo claro, que no me es conflicto, se lo esté transmitiendo a ella. Ojalá la lucecita de conexión con la sacralidad que vive dentro de todos los seres de este planeta, se mantenga viva en ella, para que cuando lo desee, en su adultez o juventud, pueda plantarse las semillas de lo que desee ser (de lo que descubra que es). Y lo sea.

 

Crianza ancestral: Lo Sagrado no es tontería

3 thoughts on “Crianza ancestral: Lo Sagrado no es tontería

  • 26 de septiembre de 2016 a las 10:59
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    Este artículo es una preciosidad. Brilla. Tiene luz propia. Ilumina. Gracias por compartir estas palabras. ❤️

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    • 26 de septiembre de 2016 a las 20:24
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      Gracias por dejar un momentito de tu día en escribir un comentario, Zuriñe,lo valoro mucho! Me alegra que te haya gustado, de verdad. Un abrazo!

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  • 29 de mayo de 2017 a las 10:07
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    Hermoso e inspirador texto que nos recuerda el impacto de cada pensamiento/palabra/accion y lo sagrado de observarnos a cada instante. Gracias!

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