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Es algo que no tendríamos que hacer. No lo tendríamos que hacer si viviéramos en nuestro hábitat real. No lo tendríamos que hacer si no vivéramos entre paredes de edificios dispuestos en calles asfaltadas de grandes o medianas ciudades. Es algo que no sería necesario llevar a cabo, pues nuestras crías, viviendo en comunión con la naturaleza, se fusionarían con ella y con sus cambios de color, de temperatura, de luz, etc. sin intervención alguna.

Cerca de casa, muy al ladito, tenemos una montaña bonita. En ella hay un bosque grande y, adentrándonos en él, no hay apenas nadie. Allí, entre tierra y árboles y flores, vamos a diario, con Lúa, a dar un paseo. A veces quiere andar y correr y enfangarse entera, y otras prefiere brazos y teta, cobijo de mamá. Pero siempre, siempre, mira atenta a su alrededor. La llevo a diario porque creo de verdad que el hogar verdadero, el lugar en el que reside toda la sabiduría necesaria, está en la Naturaleza. Y que aprendiendo a leerla es la manera en que un ser puede desarrollarse plenamente. Pero, ¿cómo va a aprender el lenguaje de la Naturaleza si no vamos a ella? ¿Cómo va a aprenderlo si le enseñarán, más adelante, en el cole, a verla desde un libro de texto y sentada en un pupitre dentro de una aula?

No, yo quiero que Lúa aprenda a leer a la Madre desde ya, desde ahora. De la misma manera que me va entendiendo a mí, cada vez más, y que imita mis sonidos y las palabras que digo. De la misma manera que cuando tiene sed y dice: “agua, agua, agua”. Así.  Y que después le enseñen en un libro o en una película un fruto o un árbol determinados y que ella recuerde “sí, yo vi uno de verdad”.

Y sí, vamos a diario al bosque y paseamos, recogemos hojas, piñas, chapoteamos en charcos… Intento seguirle el ritmo e intervenir poco en su proceso.

Porque poco tengo yo que añadir cuando sopla el viento y Lúa mira como las hojas de los árboles se mueven.

Poco tengo que añadir cuando empieza a llover y Lúa ve que se moja, que las gotas caen formando charcos y que la tierra queda empapada formándose el fango que, además, le mancha la ropa.

Poco tengo que añadir cuando hace agujeros en la tierra para luego volver a llenarlos y descubre a las hormigas en fila.

Poco tengo que añadir yo.

El acompañamiento en el cambio estacional tiene que empezar, por tanto, con las salidas al exterior. No vivimos en la Naturaleza, pero vamos hasta ella y acompañamos al niño en su descubrimiento.

El acompañamiento al cambio (de cualquier tipo) es algo básico para un bebé, pues éste puede ser vivido como algo nutritivo, creativo y bello o como algo estresante. Nuestras crías, como seres sutiles que son, conectadas completamente a los instintos y a la sabiduría ancestral, notan muchísimo todos los cambios que acontecen fuera y dentro de ellas.

Acompañando en el tránsito de estaciones les alentamos a mirar a la naturaleza y a darse cuenta de la conexión tan grande que existe entre lo de dentro y lo de fuera. Les enseñamos a abrir el corazón a los cambios naturales de la vida, a lo que ha de venir y vendrá, y a acogerlo con flexibilidad, amor e ilusión. El ciclo de vida-muerte-vida que entraña la naturaleza a través de las estaciones es, además, el mismo que sigue la Luna en su ciclo mensual y el mismo que vive la mujer a lo largo de toda su vida. Enseñando a conectar y a respetar los ciclos naturales les estamos enseñando a conectar y a respetar sus propios cuerpos. Ahí es nada, ¿verdad?

En la crianza que he establecido me baso en que la naturaleza enseña todo, TODO, lo que necesitamos para estar conectados a las herramientas internas que nos permitan vivir felices en nuestra vida adulta. Que es la gran maestra.

¿De qué manera podemos acompañar al tránsito de estaciones y todo lo que ello conlleva, desde la gran o mediana ciudad? 

Quizá el paso del verano al otoño sea uno de los cambios más grandes para nuestras crías. No solamente se va el calor y llega el frío, sino que también lo hace el sol, que ahora aparecerá menos tiempo y dejará paso muchos días a las nubes y a la lluvia. Ya no habrá playa o piscina al aire libre, ahora habrá charcos en los parques y en las calles. Ya no irán desnuditos o con ropa ligera, sino que les taparemos brazos, piernas y pies, con lo que el contacto directo entre su cuerpo y el mundo será distinto también. Además, los hábitos y rutinas en casa cambiarán, y es posible que ya no salgamos tanto a la calle o que nos vayamos antes a dormir.

El objetivo de realizar este trabajo de inmersión al otoño, dos o tres semanas antes del equinoccio (22 de septiembre) es precisamente que nuestra cría se vaya adentrando en las nuevas energías que están al llegar y que, con ellas, pueda relacionar todos los cambios que le irán sucediendo.

Para hacerlo yo me baso en tres herramientas:

  • El altar de estaciones: Un lugar en casa que consideraremos sagrado. Esto significa que sólo lo usaremos con este fin y que el momento que estemos frente a él, durante el día, se establecerá un cambio en nuestro estado. Si estábamos muy activos, de repente, pararemos y, al observarlo o hacer la actividad que deseemos enfrente de él, entraremos en otro nivel de consciencia. A mí me gusta sentarnos delante del altar, sobretodo lo hago cuando Lúa mama, que se está quietecita encima de mí, pues es aún muy pequeña para otras actividades posibles, delante del altar. Entonces, me pongo a cantar dos canciones, siempre las mismas, y que ella ya relaciona con ese espacio de la casa y ese tiempo de mamar, por la mañana. Es, por tanto, para las dos, un momento bello y sagrado delante de un espacio en el que he dispuesto elementos de la estación que entrará: hojas secas, una tela marrón o anaranjada, una vela grande naranja o amarilla, un plato con uvas, un molinillo de viento…
  • Decoración para su habitación: He realizado un móvil con hojas secas y piñas que he dispuesto encima del colchón en el que descansa en su cuarto de juegos, justo al lado del rincón de lectura. Ella se estira en el colchón y ve las hojas secas meciéndose, va integrando en sí este nuevo paisaje de marrones y ocres, va aprendiendo que el paisaje exterior cambia con el ritmo del tiempo. Puedes crear la decoración que desees, ¡deja volar tu imaginación!
  • La cesta de otoño: Esta cesta la utilizaré para cada estación, y en ella habrá juguetes, cuentos y elementos de la naturaleza que servirán para que Lúa conecte con la nueva estación y los cambios que comporta en ella y en su entorno. En la cesta de otoño que he creado para Lúa hay:
    • Dos telas grandes: marrón y naranja.
    • Un caracol de lana.
    • Tres piezas de madera, de colores otoñales, para enroscar y desenroscar (es lo que está aprendiendo a hacer ahora).
    • Hojas secas.
    • Piñas.
    • CD de música de L’Auditori: “Los colores del metal”, en el hay canciones instrumentales infantiles con instrumentos de viento. Recordemos que el otoño se asocia al elemento metal (tradiciones orientales) y que los instrumentos de metal suelen ser los de viento. Además, el otoño se asocia al viento que es pensamiento, organización… (¿qué hacemos cuando llega septiembre si no es organizar el curso próximo?). Por lo que es un buen momento para introducirla en la música creada a través de este tipo de instrumentos.
    • Cuentos de otoño: “Otoño”, de Gerda Muller; “Libro de la natura”, de Ian Beck; “Empieza el otoño”, de Cinta Arasa y Marta Álvarez; “El otoño: La brujita Mo y las cuatro estaciones”, de Dami Casado y Alicia Casado.
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Deseo que este artículo te haya aportado luz y pautas que te gusten, para introducir a tu cría en la sabiduría de la naturaleza. En Casa de Luna realizaremos, mensualmente, encuentros virtuales de mamás en los que hablaremos de crianza ancestral y daremos pautas como las que has podido leer aquí. Si deseas formar parte de nuestra tribu de madres virtual y criar desde la conexión a tus instintos, escríbeme a: casadeluna@casadeluna.org

También tenemos un Grupo de apoyo a la Lactancia Materna, que es gratuito y online. Nos encontramos cada miércoles de 12h a 13h, hora española. Puedes asistir escribiéndome a: casadeluna@casadeluna.org.

Además tenemos un Grupo de acompañamiento Online para mujeres embarazadas, y empezamos en octubre. Escríbeme a: cursos@casadeluna.org

 

Crianza ancestral: Tránsito entre estaciones. El otoño.

2 thoughts on “Crianza ancestral: Tránsito entre estaciones. El otoño.

  • 14 de septiembre de 2016 a las 21:37
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    Que bonic Laia!
    La Mare ens ensenya, i nosaltres aprenem,dia a dia, instant a instant. …Internalitzem aquest bosc dins nostre quan aprenem a donar-li (versus prenda-li,som sovint tant depredadors! )
    Podem deixar-li una petita ofrena cada cop que entrem en el seu si,i al fer ho podem agrair la seva bellesa i acolliment. Intentarem que no es noti que l’hem visitat i intentarem no depredar en debades. .(prendrem el mínim inprescindible )i si volem collir alguna planta guaridora, un cop estem al seu davant i en silenci,li demanarem si es vol oferir per a la nostra intenció i farem un espai intern per a sentir si es vol entregar per aquest fi. Tot seguit si sentim que es un si, agrairem a la planta el seu “sacrifici “(recordem que aquesta paraula vol realment dir “ofici -sagrat )i amb tot el nostre respecte collirem el mes inprescindible.
    Si en el nostre passeig ens ensopeguen amb un arbre gros, centenari, podem seure una estoneta al seu recer, i amb els ulls tancats, li podem demanar si hi ha alguna cosa que ens vulgui dir,després li podem penjar alguna pregària de les seves branques i esperar que el vent la escampi per l’espai. …..
    Quanta saviesa hi ha dins del bosc!
    Gràcies Laia per poder-ho fer present tot això a les nostres vides! !

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    • 14 de septiembre de 2016 a las 23:39
      Enlace permanente

      Carme, quines paraules tan sàvies i maques dius!!!! Gràcies, m’ha encantat llegir-te i recordar que del bosc se n’ha de sortir sense deixar-hi gaire rastre, ni senyal… Què té tant per ensenyar-nos!!! T’abraço fort!

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