Mi Primera Luna

Hubo un tiempo, hace miles de años (anteriores al rito de la primera comunión cristiana), en que las niñas entre 7 y 11 años eran iniciadas por primera vez a la espiritualidad de la Diosa, y se les presentaba ante la Luna para prepararlas para lo que, años después, sería su llamada. Esta era su primera comunión con la Luna.

Guadalupe Cuevas

 

¿Crees que habría cambiado algo en ti – en la forma de relacionarte con tu propio cuerpo, en la iniciación a la sexualidad, en la forma de presentarte ante el mundo, etc- si alguien, cuando tenías 8-9 años, te hubiese hablado de la menstruación, de forma amorosa? ¿Te acuerdas del día en que descubriste esa mancha roja en tus braguitas? ¿Fuiste tú misma o fue una tercera persona? ¿Te sentiste avergonzada o poderosa?

El objetivo de este taller de 4 horas de duración es que las chicas adolescentes de entre 9 y 15 años se adentren en el período fértil de su vida desde la consciencia, el conocimiento, el amor y el acompañamiento de mujeres que, sabedoras de sus ciclos y de la magia de ser mujer, les dan la mano suavemente y les animan a honrar su cuerpo femenino y uno de los procesos más naturales y sanos de éste: la menstruación.

El taller tiene una parte teórica (cuentos populares para acercarnos al ciclo menstrual, visualización de un vídeo, explicaciones) y una parte puramente práctica en la que celebraremos el paso de niña a mujer, de manera simbólica, de cada una de las chicas que asistan, como hacían antiguamente nuestras antepasadas.

Pueden asistir chicas que aún no han menstruado o que ya hace meses que menstrúan, sin diferencias. Las madres estarán al lado de sus hijas en todo momento y les acompañarán como guías, maestras.

 

Existe una niña dentro de cada mujer que si no hubiera sido condicionada y limitada, tendría la fuerza suficiente para integrar, más tarde, la llegada de lo femenino perenne con sus ciclos. Este es el arquetipo de la identidad femenina primordial, y sólo esta energía integrada puede hacer que la mujer adulta sea más tarde auténtica. Cuando no es así, la mujer no puede conectar con su identidad y se coge la del marido, de los hijos, del padre, de los amantes…

Sin esta independencia que da la niña interna, las mujeres se pueden quedar atrapadas en la niña caprichosa, que busca siempre la valoración externa, comportándose entonces, como desvalidas, posesivas, sumisas, mandonas… que piden amor sólo porque no pueden confiar en sí mismas.

Guadalupe Cuevas