premenstrualCaigo en la cuenta de que estoy inmersa en plena fase premenstrual, cada mes, cuando la energía interior se me derrama por todos los costados. No me malinterpretes, lo sabría de todas formas porque llevo años escuchando muy profundamente mis ciclos y, aunque la maternidad ha cambiado aspectos de cada una de mis fases (en todos los aspectos), sigo escuchándome para no desconectar. Además, la Luna siempre me lo viene a contar, cuando va decreciendo, volviendo a la cueva oscura que me prepara para menstruar.

Pero, algunos meses como este, no me doy apenas cuenta del paso de la fase de la madre (ovulación), al de la hechicera (premenstrual), pues los cambios en mí se suceden lentos y se van armonizando muy poco a poco. Pero, entonces, hay algo que no falla.

La premenstrual que llevo dentro y que ya ha despertado en mí se me manifiesta nocturna (como buena mujer amante de lo oscuro) y la noche que se prometía oasis de descanso se convierte en catarsis de creación.

Me acuesto. Todos duermen. Normalmente me relajo, hago respiraciones, me doy un poco de Reiki… Es posible que haga cierta revisión del día que ha pasado y llegue a algunas conclusiones… Pero la noche en que la premenstrual se acomoda en mí y empieza a escarbar mi tierra fértil, esa noche esto no pasa.

Esa noche empiezo a dar vueltas sobre mí misma en la cama. Las ideas no me caben en la cabeza, ¡cuántas cosas me trae! Y decido no malgastar la poca energía física que me queda, así que me levanto y, dejándome fluir en lugar de resistirme a su marea (he comprobado que esto último me agota más) le bailo el agua.

Y creo. Escribo, casi siempre, o pinto, o pongo por escrito, simplemente, toda la lluvia de ideas nuevas de las que viene impregnada. ¡Ha tenido un ciclo entero de oscuridad y, claro, viene cargada de ellas! Recordemos que las semillas plantadas en la oscuridad, debajo, las que no se ven, tienen toda la potencialidad de la nueva planta. Toda la información de lo que será. La catarsis de la vida. Si la dejamos florecer. Y para dejarla, pues, es necesario ser semilla, volvernos semilla enterrada en la tierra oscura, volvernos invisibles para tener el don de ver.

Y, sí, barriga hinchada y algunos dolores, pechos más grandes, un poco más lenta y pesada físicamente, y muy poco ágil a nivel mental, pero muy conectada al centro de mi Ser Creativo, a mis dones, a mis creaciones, a lo que he venido a compartir a este mundo, a mi Arte. Arte que sana, como todos los artes, pues la Chamana es la mujer que sabe que todas somos artistas potenciales cuando creamos desde el corazón/útero, desde nuestro foco interior, ya que al hacerlo ofreceremos un bien a nuestra comunidad. Ser Chamana es, por tanto, para mí, sanar a través del propio Arte. Y esto nos viene a ofrecer la premenstrual (hiper)activa interior, cuando llega a nosotras cada mes.

Pero, ¿qué sucede si la niego? ¿Si reniego de ella? ¿Si me quejo constantemente de su energía interior, de esta sangre de fuego que me siento veloz por entre las venas? ¿Si la fuerzo a tener una mente ágil? ¿A ir rápido? ¿A seguir normas? Que su fuego interior, éste que me mueve a sacar las garras y a poner punto y final a lo que me duele y no me aporta, éste que me mueve a tener sexo salvaje, éste que me mueve a crear desde las entrañas, éste que me impulsa a ser más Yo, que nunca, se vuelve volcán y puede arrasar con todo.

Las energías de fuego de la premenstrual son tan potentes, tan fuertes, que hay que saber manejarlas. Es imprescindible, para ello, canalizarlas hacia el exterior de alguna manera, intentar que no se queden adentro, porque queman. Es entonces cuando nos volvemos las Madres Terribles, las Kali en potencia, las Mujeres Volcán que destruyen lo que tocan. 

La cara y la cruz de la misma moneda. La potencia en positivo puede volverse destrucción. ¿No te he descubierto nada nuevo con esta afirmación, verdad?

Mientras otras fases nos impulsan a buscar el placer, a sentirlo y a nutrirnos con él, o a buscar la excelencia, o la producción, esta nos invita a mirar hacia dentro, a sumergirnos en nuestra propia oscuridad para ver este fuego interior que nos mueve la premenstrual, su (hiper)actividad interior, y no perdernos del camino hacia nuestro corazón. Ella nos guía, acompaña, pone límites y calor.

 

El fuego interior de la premenstrual

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