15941384_614721075401772_672976666933476479_nArte de Betty LaDuke

¿Por qué las niñas, ya desde bien pequeñas (en edad de menarquía), ya se preocupan y avergüenzan, tapan y tienen miedo, de mancharse el pantalón y la falda, si les llega la menstruación? ¿Por qué muchas de ellas incluso salen a la pizarra del colegio o corren por el patio y preguntan a las demás: “¿Me he manchado?”. ¿De dónde sale este rechazo y esta vergüenza hacia la propia sangre, hacia la naturaleza femenina?

La historia es antigua, llevamos a cuestas la herencia de un pueblo que ha tratado a la mujer desde hace 5.000 años (tiempo que dura el patriarcado) como algo inferior, y que ha convertido la naturaleza femenina en patología, en algo que se tiene que esconder.

Quizá seas una mujer que se ha trabajado los ciclos, quizá seas una mujer que nunca ha transmitido mensajes negativos sobre el cuerpo femenino a sus hijas, quizá seas una mujer que disfruta de sus días de sangre. Y quizá te preguntes: “¿Entonces, por qué mi hija lo vive así?”. La mamá es la puerta hacia la sabiduría femenina del propio linaje y, por ello, si eres una mujer despierta y consciente de la ciclicidad, tus hijas (e hijos), tienen mucho, pero mucho, ganado. Tienen la base sólida más importante y, por ello, la opción, de poder adentrarse cuando se sientan preparadas, en los misterios de lo femenino. Pero no todo está en nuestra mano. Ojalá fuera así, ¿verdad? El control es una ilusión más que esta sociedad nos ha introyectado, y es que muchas de nosotras, viviendo desde la razón, siento mente más que cuerpo (cualidades yang, masculinas), sentimos que lo que escapa a nuestro control nos paraliza, nos genera ansiedad o vértigo. Comprender y asimilar lo antes posible que el control es una ilusión, y no existe, por tanto, es el primer paso para que la mujer-madre consciente se libere de la culpa y pueda acompañar a su hija en el conocimiento apasionante de la naturaleza cíclica. 

Culpa y mujer van de la mano en este pueblo nuestro, masculinizado en forma negativa (lo subrayo porque de ninguna manera creo que lo masculino sea inferior o peor a lo femenino, pues día y noche conforman el tiempo, luz y oscuridad son complementarios y opuestos, etc. Pero lo masculino que se vive en el mundo patriarcal no es sano. Aunque esta sociedad sea de y para los hombres ellos tampoco lo tienen fácil). Decía que culpa y mujer van de la mano a causa de la cultura judeocristiana que arrastramos y, por ello, en todas las etapas vitales de la mujer (doncella, madre, chamana y bruja), existe la culpa por algo. Una culpa que además se va alargando como una gran sombra que atrapa a todas (o a la mayoría) de las mujeres que están viviendo esa etapa. La doncella siente culpa cuando necesita su espacio de soledad y no puede otorgárselo por responsabilidades externas, la madre siente culpa cuando los demás la requieren mucho pero siente que no ha podido ofrecerles lo que necesitaban de ella, la chamana siente culpa por el paso de la edad, por percibir desde la experiencia corporal más que desde la razón, la bruja siente culpa por todo lo que no ha hecho, por todo lo que ha hecho, por todo lo aprendido y no aprendido, por necesitar descansar, retirarse del mundo exterior… Y más. Te lo cuento porque es necesario que la mujer-mamá consciente que desea acompañar a su hija en los misterios de lo femenino (y digo “misterios” porque la sabiduría femenina se ha enterrado como se enterraron a las mujeres brujas que aniquilaron sin compasión, y ansío el día en el que nuestras hijas puedan dejar de nombrarlo así, cuando todo este conocimiento esté en el consciente, sea vivido de forma natural) se pare para revisar, primero que nada, ante todo, su relación con la culpa. Sólo revisándolo y mirando de frente lo que sentimos podremos acompañar de verdad a nuestras hijas.

Entonces, ¿cuál es mi relación con la culpa? ¿Siento culpa por algo a menudo? ¿En qué situaciones? ¿Recuerdo haber sentido culpa a lo largo de mi vida? ¿Cuándo? ¿Por qué? Toma nota de ello. Tómate unos días para reflexionar sobre ello y también piensa hondo sobre si crees que la mujer en general siente más culpa que el hombre en nuestra sociedad. ¿Por qué crees que es así? ¿Dónde estás tú, dentro de este embrollo? ¿Has heredado la culpa de tus ancestras? ¿Quiénes fueron las mujeres que han marcado tu vida, tus bases sólidas? Tu abuela, tu madre, tu tía, tu maestra, tu vecina…. ¿Fueron o son mujeres en las que reconoces la culpa como algo vivo y palpitante dentro de ellas? ¿En qué situaciones y por qué crees que sentían o sienten culpa? ¿Arrastras tú algo de todo esto? ¿Cómo puedes deshacerte de ello?

Recuerda: El control es una ilusión y no todo depende de ti, ni de mí, ni de nadie. Repítete esta frase: “Suelto el control. Dejo que todo sea como tenga que ser, como sea mejor para mi comunidad y para mí misma. Confío.” Y empieza a confiar. Y empieza a sentir como una sombra oscura sale de tu vientre y se va, disparada, hacia el horizonte, para deshacerse y convertirse en polvo de estrellas. Cada vez que sientas culpa, en los próximos tiempos, visualiza esta sombra que sale de ti y dirígela al cielo para que transmute y alumbre estrellas que son pura luz.

He necesitado contarte todo esto para poder transmitirte este pilar básico del acompañamiento que es el comprender que no todo depende de nosotras y que, si aún siendo una mujer-mamá consciente tu hija está viviendo su ciclo menstrual o la llegada de su primera sangre de manera negativa, no es tu culpa porque no todo depende de ti: La memoria celular de nuestro linaje en el que está escrita la historia del patriarcado más oscuro, las huellas de las mujeres de las que venimos que hicieron lo que pudieron de la mejor manera que supieron pero que no lo tuvieron fácil para poder vivirse con placer, los medios de comunicación, las letras de las canciones de moda, los estándares de belleza, etc. Todo ello son aspectos que han ido calando en los seres que se están desarrollando en nuestra sociedad, sin que nosotras pudiéramos evitarlo.

Así que empezaremos por el principio y trabajaremos los temas clave para restablecer el vínculo mamá-hija, para crear un espacio favorable en el que poder llevar de la mano a nuestras pequeñas, desde el principio o no, porque todo es reparable (“todo es reparable”, repítete esto también), hacia las compuertas que las adentren al maravilloso mundo de su naturaleza femenina. Me emociono al escribirlo. Si has leído hasta aquí es posible que te interese, que tengas ganas de continuar este proceso, y si es así te invito a unirte a la formación online “Mi Primera Luna: Acompañamiento en la Menarquía”, que empieza este mes.

La culpa en la mujer-madre consciente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *