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Arte de Lucy Campbell

Cuando nos encontramos en el puerperio inmediato y aún no menstruamos (esto puede variar mucho en cada mujer), nuestro cuerpo se mantiene en la sombra de la cueva-hogar de nuestro bebé, sin transitar las 4 fases del ciclo menstrual, de forma clara. Seguimos variando, claro, la mujer es cíclica siempre, y es complicadísimo, creo que un gran error, dar una verdad absoluta sobre esto, pues si las verdades absolutas en sí mismas ya me parecen cada día más absurdas, cada mujer depende de su historia y de su vivencia personal.

Bajo mi experiencia y recogida de datos, en esta fase, la puérpera, no realizamos la rueda del ciclo completa, más bien nos movemos entre la luz y la sombra, de forma no previsible, ni ordenada, ni temporalmente organizada. Además, aunque siempre decimos que la rueda de la vida-muerte-vida es conformada por dos fases luminosas (doncella y madre) y por dos fases oscuras (chamana y bruja), el puerperio tiene la peculiaridad particular de mostrar la parte más sombría de las luminosas.

En general, comparo el puerperio, a nivel de energías, con la fase premenstrual. En su mayoría, las mujeres recién paridas, las que tienen bebés de menos de un año (aunque el puerperio dura 2, aproximadamente), se sentirán reflejadas en este retrato. Para explicarlo de una forma visual (sé que puede resultar un poco confuso antes de integrarlo), las aguas de este océano en el que la mujer está sumergida en el puerperio son aguas premenstruales, mientras que en cada ola nos va llegando la energía de la madre o de la doncella. Estas olas tiñen de un tono diferente la superfície del océano en el que la mujer y el bebé están, pero el fondo sigue siendo igual de oscuro, denso y turbio como son las energías más oscuras de la muerte (de la chamana), las que guardan los verdaderos tesoros que todas llevamos dentro.

Entonces, si la mujer-madre vive su maternidad desde su niña interior, ésta se moverá entre las aguas de su doncella, luminosa generalmente, pero en este caso, al ser una mujer puérpera, es decir, sumergida en la profundidad de su océano personal, sí o sí, haya parido sin enterarse o con un dolor inmenso, esta doncella le estará mostrando su parte más sombría, las heridas en su propia niñez, las de su madre. Su niña herida.

Si la mujer-madre vive su maternidad desde su madre interior seguramente estaremos delante de la mujer vibrante con la nutrición, con el sostén, con la fusión. Pero como los maternajes en estos últimos siglos han sido, en nuestra cultura, faltos del cuerpo, el contacto y el respeto mamá-bebé, y a la humanidad le falta de esto (sino el mundo no estaría así), las aguas puérperas del pozo de esta mujer le mostrarán a su madre herida, y revivenciará su maternidad desde la de su mamá o tía o abuela, para sanarlas.

La gran medicina de todo esto es comprender que la mujer que baja al inframundo a sanar realiza un trabajo de limpieza en todo su árbol. En el linaje. Qué diferente se trataría a la mujer después de parir si se conociera esto, ¿verdad? Sería considerada imprescindible en la salud de las próximas generaciones, sería tratada con respeto, tendría derechos. No seguiría invisibilizada, ni obviada. O peor aún, censurada.

Si los poderes políticos comprendieran el dinero que se ahorraría en sanidad, dotando a estas mujeres de la seguridad y la visibilidad que necesitan (volver a trabajar a los 4 meses es cortar el proceso, por ejemplo), quizá se lo replantearían.

Quiero decirte que también habrá luz en el puerperio, ¡claro que sí! La cantidad dependerá de la historia de cada una, pero el mundo es polar, y allí donde hay sombra también hay vida luminosa.

Nuestras abuelas de la antigüedad veneraban a diosas como Innana o Ishtar, cuyas enseñanzas pasaban por enseñarles a sumergirse en su propio océano con amor y confianza, pues tenían la certeza de que, una vez atravesadas las 7 puertas para llegar al inframundo, después de quedar desnudas (en cada puerta hay que dejar una prenda simbólica, de hecho aquí está el origen de la danza de los siete velos), sabían que después de esta muerte, volvían de nuevo a la vida.

 

La medicina de la mujer puérpera

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