IMG_5590– Mira, Lúa, es el mar. ¿Ves como las olas van y vienen? ¿Ves como nacen dentro, y se dejan morir en la orilla para volver a nacer? ¿Es bonito, verdad?

Ella se quedó unos cinco minutos parada frente el mar, mirándolo con cara de asombro, con la boca abierta y el brazo estirado, señalando con su dedito el espectáculo que, por primera vez, veía. No dijo nada, se quedó parada. Después quiso volver junto a la toalla, con las palas y los cubos, y siguió jugando como si nada. Pero de tanto en tanto giraba la cabecita y se quedaba, de nuevo, mirando el mar. Hasta tres veces se levantó para ir de nuevo a la orilla, cada vez un poquito más cerca, y el segundo descubrimiento fue dejarse mojar los pies por las olas, cuando llegaban hasta allí. Ahora sentía sus pies mojados y llenos de arena, y se reía cada vez que una ola volvía a llegar hasta ella.

Y yo me senté a su lado procurando no intervenir en este proceso de descubrimiento precioso, en este momento sagrado de comunión entre la naturaleza, entre la cría salvaje que empieza a amar el mar, y las aguas de esta Tierra. Pedí para mis adentros que las olas siguieran siendo débiles para no asustarla, que su bautizo en las aguas saladas del mediterráneo fuera algo suave, con la intensidad justa que ella podía asimilar. E intentaba no decir nada, aunque me resultaba difícil porque deseaba cogerla y achucharla de lo bonita que se veía. Aun así me mantuve en silencio, y no me moví. Dejé que se acercara y se alejara, que se sorprendiera, que alucinara. ¿Quién era yo para ultrajar este momento de conexión tan profundo?

Después se giró y me miró sonriendo. En sus ojos ya había entrado el mar, ya se veía su reflejo. Ya había integrado en sí su sacralidad.

– Llévatelo contigo, mi niña, absorbe bien su sabiduría para guardarla allí donde la puedas encontrar, cuando lo necesites.

Y así, poco a poco, creciendo a través del descubrimiento del mundo que le rodea, ella va relacionándose con el entorno, va forjando los vínculos y las conexiones con la Madre Naturaleza, con sus fuerzas elementales, con sus energías.

Y es un espectáculo maravilloso poder verlo, desde fuera, poder apreciar como un ser que nace va recordando, va haciéndose de esta Tierra aprendiendo de lo que cada espacio le viene a enseñar.

De camino a casa Lúa se durmió y ya no se despertó hasta el día siguiente, bien tempranito, por la mañana. Su carita se veía igual, toda ella parecía la misma, pero no, pues cuando me miraba le seguía viendo, en sus ojos, ese mar que descubrió el día anterior, y que integró en su puzzle de experiencias y descubrimientos como un rito de iniciación: El primer baño en las aguas sagradas del útero de la Madre.

Crianza ancestral: El rito de iniciación en las aguas de la Madre

4 thoughts on “Crianza ancestral: El rito de iniciación en las aguas de la Madre

  • 10 de agosto de 2016 a las 5:07
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    Que hermoso Laia, maravilloso que pueda ser así, tan respetado Me maravillo de lo que la sabiduría de tu interior puede hacer… permitirle a tu nena descubrir sin intervenir.

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    • 17 de agosto de 2016 a las 16:58
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      Gracias, Carmen! Me alegro que te haya gustado. Esta sabiduría innsts está dentro de cada una. Un abrazo grande!

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    • 17 de agosto de 2016 a las 17:00
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      Gracias a ti por pasarte por la web y quedarte a leernos :) Me alegra mucho que este escrito haya removido tus aguas internas con amor <3

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