mujer-ríoCriamos, amamantamos a todas horas, seguimos el ritmo de sueño-despertar-sueño de nuestro bebé pero, aún así, aún estando sumergidas en este puerperio tan hondo e intenso, un buen día, la sangre, de nuevo, llega.

Y habíamos leído que suele tardar uno, dos y hasta tres años en venir, que estaríamos durante estos tiempos de fusión cuerpo-alma-emoción, sin menstruar, que cuando amamantamos no ovulamos.

Y bien, resulta que un día, más pronto de lo que creíamos, la sangre nos avisa de que volvemos a ser cíclicas, que la Luna vuelve a regir nuestras mareas internas, porque no hay fuerza más grande ni poderosa que la de la Vida.

A mí me pasó justo después de la cuarentena, cuando la sangre puérpera desapareció. Pasaron unos días en los que sentí que estaba ovulando, pero yo misma me decía: “¡No puede ser, tan pronto!”. Aún así, lo supe, supe que estaba allí. Y llegó.

Llegó sin dolor y con abundancia, como un río que desborda y que se lleva por delante eso que no hacía falta, eso que dolía, llegó y equilibró emociones.

Era casi verano, y hacía mucho calor, yo nos recuerdo a las dos, en la cama, pegajosas de leche saliendo de mis pechos y sintiendo la fuerza de la sangre, que salía con más fuerza que nunca. Y ahora, desde la distancia, recuerdo esa sensación de poder animal, de ser mujer-madre-medicina, y siento melancolía, pues es algo que no sé si se volverá a repetir.

Esa mujer abierta la vida que genera nutrición y sangre de vida, que genera lechecita de la mejor, lo que su bebé necesita, y que ofrece a la tierra esa medicina llena de células madre, esas que ya se ha demostrado científicamente que curan. ¡Cuánto poder en una sola mujer! ¡Cuánto amor!

Momento sagrado en el que podía nutrir a mi bebé y a la tierra, al mismo tiempo, a la vez.

Mujer-río vibrando en su rostro Madre, conectada a los dones de la Madre de todas, la que nos sustenta y da la vida, la que nuestras abuelas veneraban y honraban como hijas. Mujer-madre-río fluyendo entre sus aguas sagradas. Mujer Medicina.

Mujer-río
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