placerResignificar el placer. Y seguiría escribiendo: “tras la maternidad”, porque para mí este ha sido el punto de inflexión, la experiencia que me ha conectado más hondo con el placer y que me ha desconectado, posteriormente, del todo, para tener que mirarlo desde la oscuridad (recordemos que sólo desde una habitación oscura somos capaces de ver las que la rodean y tienen luz, pero desde la luz no nos es posible ver con detalle en la oscuridad) y poder Ver.

El caso es que hay etapas de la vida que, aunque puedan ser placer en sí mismas, maternar lo es, te pueden llegar a desconectar del mismo, en aras de un fin mayor (o así lo veo yo, pues una experiencia de luz en sí misma no te trae la oscuridad para ahogarte, sino para que resurjas renovada, más TÚ que nunca antes, así pasa mes a mes con el ciclo menstrual también), pues las sombras a veces llegan y se te llevan a la otra orilla.

Para mí ha sido básico reflexionar, de nuevo, ahora, desde el nacimiento de esta “nueva yo”, sobre el placer. Porque la realidad, la rutina del día a día, el tener que estar en el presente, atenta a lo real, que es lo que un niño pequeño te trae 24 horas non stop (una mañana fui a hacer pipí, ella dormía y en esos 5 segundos se cayó de la cama…) me desconectó de lo que pensaba que era para mí la espiritualidad para enseñarme después, que espiritualidad no es ese mundo de ensoñación en el que tantas horas me he perdido, sino justamente lo contrario: Vivir lo real y poder ver la puerta que hay tras cada pequeño acto diario hecho con amor. Llegar a abrir esa puerta y encontrarte de frente con la maravilla en sí misma, la felicidad, el paraíso para los cristianos o el Olimpo para los antiguos romanos. Lo divino para mí.

Porque como tiempo atrás mi realidad casi siempre me acababa ahogando por muchos motivos, pues necesitaba un escape, una anestesia, un “momento de placer”. Era, por tanto, como me definía a mí misma: “una yonki del placer”.

Y ahora, en esta muerte del ego que me traía la maternidad y que para mí estaba siendo más difícil que el propio parto de Lúa sentía que no tenía espacio alguno para mí, para tener alguno de estos placeres que se me llevaban al mundo de fantasía y a la anestesia total. No había tiempo para ello, así que no me quedó más remedio que centrarme en el presente y, allí, desde ese centro, aceptando lo real y viviéndolo desde el amor profundo (desde lavar un plato a cambiar un pañal), necesité resignificar el placer. Resignificarlo para no sobrevivir, para empezar a vivir. Porque ya no era lo de antes, y necesitaba conocer más a esta nueva mujer que estaba naciendo con tanto dolor, y amor.

¿Qué significaba para mí, en este presente, el placer? ¿Cuándo lo vivía, cómo me sentía? ¿Agradecida? ¿Culpable? ¿Qué había detrás de él: la maravilla de la puerta que se abre o la oscuridad del pozo sin fondo? Es decir: Después de sentirlo me encontraba en la habitación de luz o todo ello caía en una bolsa agujereada, que no retenía y que, por tanto, nunca tenía suficiente?

Y ahí me di cuenta de que esto es lo que me pasaba antes, cuando el placer era el fin, y no el medio. Cuando lo ansiaba como droga que se me llevaba del aquí, hacia lo que creía que era más real, cuando en realidad lo real era lo que me estaba perdiendo tratando de evadirme para sentirme mejor. ¿Y no es lo que hacemos todos en esta sociedad? ¿Una película tras otra? ¿Estímulos que nuestro cerebro no es capaz de asimilar? ¿El déficit de atención no es un mal social, de todos, como dice Mardía?

Algo tenía claro ahora, y era que el placer en sí mismo, en este presente, para mí, ya carecía de sentido.

El placer tenía que ser la puerta hacia la maravilla. El placer tenía que ser el carro que me llevara a sentir la conexión, la unidad, la felicidad, la armonía. El placer como medio más que como fin.

Y esto era nuevo para mí.

Resignificar el placer
Etiquetado en:

2 thoughts on “Resignificar el placer

  • 27 de febrero de 2017 a las 0:45
    Enlace permanente

    Gracias Laia por esta expresión. Me siento identificada.
    Yo sin niña física, sin ser madre de una bebé real pero si madre de mi misma pues mi niña interna me pedía (y me pide) que cree puentes y más puentes para llegar a ella desde la mujer que va aprendiendo a sostenerse, a sostenerla. Me siento identificada en lo de la desconexión para aprender desde la oscuridad, y lo de la búsqueda del placer como fin y no como medio (esto aún estoy madurándolo).
    La necesidad de vivir el presente me llamaba y me llama a gritos porque aún tengo momentos (es lo más fácil) donde sigo evadiendome. Pero ahora, últimamente emergiendo una conciencia que va tomando contacto con mi voluntad desde el cuerpo…el cuerpo como tabla de salvación.
    Así voy encontrando dentro y fuera “alimento” más en consonancia con esta maduración del alma y en algún momento, tal vez pueda encontrar a alguien con quien seguir creando este espacio que creo cada día un poquito y en esa dirección para mi.
    Un abrazo fuerte!

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *