nieveEl momento más frío, y la noche más larga del año, se acercan. Se trata del Solsticio de inverno o Yule, tal y como se conocía en la Vieja Europa, por los pueblos celtas, y se celebra el 21 de diciembre.

Si deseas saber el significado y la historia de esta festividad, puedes leerla en esta otra entrada.

Hoy te quiero contar cómo puedes celebrar Yule. Antes que nada déjame que repita lo que siempre digo: No hay una forma correcta o una forma incorrecta de celebrar las festividades sagradas, de celebrar a la Naturaleza, pues cada forma refleja la singularidad de la persona que lo está festejando, y esto es en realidad lo más bello de todo. Por ello no me gusta dar pautas muy claras, prefiero transmitir ideas que te puedan servir de semillas para dejarte crecer esa creatividad maravillosa y única que mora en tu ser. Un ritual no es más potente por ser más antiguo o más nuevo, pues lo que lo hace potente es la intención, pura y luminosa siempre. Una oración no es más potente por ser más antigua o más nueva, pues lo que la hace potente es que haya vibrado dentro de la persona que la ha orado.

Celebrar las festividades asociadas a la Naturaleza (las estaciones, las lunas, las mareas, etc) es una forma de recordarnos lo que somos. Cuando estamos bajo la Luna Llena, festejándola y bailándole, nos acordamos de que, entre coches y ruidos y edificios altos aún estamos conectadas a la fuerza de vida que nos mantiene en esta Tierra. Y desde ahí podemos anclarnos de nuevo y encontrar nuestro centro y recordar qué es lo que somos, qué es lo que nos gusta hacer, qué es lo que para nosotras es correcto e incorrecto, qué es lo que hemos venido a aportar, cómo deseamos vivir de verdad. Y lo cultural, y lo impuesto por la sociedad, se nos va un poquitín cada vez. En cada ritual me acuerdo un poco más de quién soy. En cada ritual dejo un poquito de lo que me han dicho que era. Y así voy volviendo, paso a paso, a mi poder personal real. El que me da las raíces y las alas. Así de importante es celebrar la Tierra. Celebrarnos como hijas de ella.

Para mí, el invierno es un tiempo muy mágico. El invierno con su frío, con sus días de lluvia, de granizo, de nieve, de viento. El invierno con sus temporales. El invierno con su fría calma. El invierno.

La cercanía del Solsticio de invierno me anima a ir al bosque a recoger provisiones. Sí, es algo extraño sentirlo así, pero de verdad que me pasa. Pienso que quizá sea algo que reside en algún lugar recóndito de mi memoria celular y que se me manifiesta. En Catalunya tenemos una tradición muy bonita, que se llama el Tió, y que es muy antigua, ancestral, ya que va muy ligada al tronco de Yule. Bien, en esta tradición tenemos que ir al bosque, a principios de diciembre, a recoger un tronco, que es el Tió. Este tronco, que tiene una carita pintada y una barretina típica de la tierra, comerá a diario lo que le ofrezcamos y, el día 25 de diciembre, cagará regalos para todos. Pues bien, además de salir a buscar nuestro Tió, sentí la llamada de salir a recoger hojas, piñas, troncos pequeños y ramas, piedras… Todo aquello que me llamara la atención. Y lo dispuse, ordenadito, en diferentes cajitas de mimbre pequeñas. Lo hice sin saber muy bien por qué lo hacía, el hecho es que Lúa se lo ha pasado en grande jugando con todo ello… Quizá esta era su función, o quizá hay algo más.

Y es que ahora que se acerca Yule tengo la llamada de celebrarlo en la terraza de casa, sola, cuando en casa ya duerman. Y visualizo un círculo hecho con todas estas “provisiones” que recogí. 

Un círculo de ramas.

Porque necesitaré la sabiduría del árbol muy cerquita de mí, en este invierno: Anclaje profundo, flexibilidad, fortaleza, silencio.

Un círculo de piedras.

Porque necesitaré la sabiduría de la tierra, que es de donde venimos y hacia donde vamos, que lo transmuta todo, que es capaz de transformarlo todo en amor.

Un círculo de hojas.

Para recordar que nada tiene por qué ser rígido, que no hay una sola verdad. Si sopla el viento, volarán.

Un círculo de piñas.

Para honrar el alimento que nos da la Madre, y lo que puedo ofrecer yo. Mi creatividad.

Y, yo, con un velón blanco, en su centro. Invocando a las abuelas de las direcciones. Girándome hacia allá cada vez que invoco a una de ellas. Sintiéndome una con lo que me rodea. Pidiendo ingresar a la cueva invernal para salir renacida, renovada, un poco más limpia, un poco más centrada, en primavera. Dándome permiso para entrar.

Después, cuando siento que el permiso se me ha dado, me lo he dado, coloco el velón de pie, delante de mí, me arrodillo, aún dentro del círculo y, redondeando la espalda y con la cabeza entre mis pechos, ojos cerrados, escucho.

Minutos después, cuando lo siento, me pongo en la misma postura, pero de lado, tumbada, en posición fetal.

Soy un bebé gestándose en el centro del círculo de sabiduría que he creado.

Estoy en mi útero de nuevo.

Estoy renaciendo.

Y pido que este invierno sea para mí este renacimiento.

Que lo sea.

Cuando lo siento me levanto, cojo la vela entre las dos manos y la apago. Entro en casa sin deshacer el círculo, pues queda como ofrenda al viento, que se llevará lo que pueda hacia otros lugares que necesiten de esta vibración.

Sin hacer ruido me desvestiré y entraré en la cama cálida, para dormirme desnuda, sintiendo el placer del contacto directo entre las sábanas y mantas, con la piel.

 

Me encantará que me compartas tus rituales de Yule, tu manera particular de vivir el Solsticio. Entre todas podemos volver a generar sabiduría femenina y dejarla como herencia a las que vendrán. Cómo me hubiera gustado conocer al detalle la manera en la que mis abuelas más cercanas lo celebraban… Cuánto poder en las acciones repetidas generación tras generación por el bien de una misma, y de su comunidad. Cuánto amor para dar a las próximas generaciones a través de nuestros actos.

Ritual: Círculo medicina de Yule

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