magamuerteNo sé si debería escribir sobre ello.

Ni si puedo hacerlo, pero algo me empuja a ponerme delante del ordenador y tejer palabras de emociones y sentimientos oscuros, que estoy permitiéndome sentir. Sin interferir demasiado. Sin juzgarlos ni juzgarme. Sin culpa alguna aunque sí cierta tristeza que se ha instalado en mi alma y que, intuyo, tardará unos días en desaparecer. Pues los duelos hay que vivirlos y atravesarlos para emerger de nuevo luminosas y más completas, algo más sanas. Porque no siempre es primavera fuera ni dentro del Ser. Y está bien que así sea. Está bien que Todo sea como tiene que Ser.

Ayer hicimos el Círculo Online de Samhain y fue potente. Para mí lo fue sin darme cuenta de forma consciente de hasta qué punto. Es lo que suele pasar cuando realizamos trabajos de magia, de ritual, chamánicos. Pasa que a veces pensamos, “pensar” ya es un error en sí en estos casos, que ha sido bello y ya está. Pero no somos capaces de ver, en ese momento, que las semillas de lo tratado y vivido han anidado en nuestro subconsciente o han despertado una parte oculta de nuestro sentir, y la fuente brota, y la herida sangra para poder cicatrizarse de verdad.

Esa noche, después de la reunión, estuve muy activa. Aunque me sentía cansada físicamente me resistí a ir a la cama y me quedé leyendo en el sofá, mientras Lúa ya hacía horas que dormía. Al final me rendí y me tumbé a su lado con la intención de coger el sueño para estar llena de energía al día siguiente y poder pasar un buen día. Pero no me dormí. No podía. No sabía por qué. Imposible. Después de algunas horas lo conseguí, pero toda la noche estuve en un estado de duermevela, de soñar y despertarme y no poder volver a dormirme y volver a caer rendida al sueño y volverme a despertar. La calma de mi alrededor era tanta y mis sueños tan oscuros, que me angustié.

La tarde del círculo de Samhain, jugando con Lúa, me desconecté y empecé a sentir dentro de mí, muy fuerte, una frase que os repetiré tal cual, y perdonadme la palabra que utilizaré. Era así: “Las relaciones con los hombres, en mi vida, han sido una mierda. Hay algo muy potente ahí que trabajar.” Se me repetía y la sentía real, y la siento. Pero no estaba enfadada, ni sentía rabia, sino pena. Tristeza. Así es, “las relaciones con los hombres en mi vida han sido una mierda.” Y empecé a sentir el por qué: Que si la falta de un referente paterno amoroso, que si el vacío que no supe llenar por mí misma, que si…. Todo era cierto, real, triste, verdad. Me dejé sentir sin juzgar. Qué importante dejarnos sentir y ya está. Pensé: “Estoy viviendo un duelo, esta tristeza me recuerda a ello. Un duelo, una pérdida, un entierro.”

Y soñé con la muerte, con la muerte dura, inesperada, arrebatadora, poderosa, Gran Maga. La soñé. En mi visión moría uno de los hombres con los que, años atrás, mantuve una relación poco sana. Uno de ellos. Yo ya no mantenía relación alguna con él, y era una amiga en común la que me escribía diciéndome: “¿Te has enterado?”. Entonces cogía un periódico (yo que ni los tengo, ni los leo…) y allí aparecía su foto y la noticia. Pero de repente la noticia cobraba vida y, como si fuera la explicación en vídeo de un programa de televisión, lo podía ver todo claramente. Él iba andando por la calle y caía al suelo después de sufrir un agudo dolor en el pecho. En mi sueño hablaba algún experto diciendo: “Se le giró el corazón. Una dolencia horrible que lleva a las personas a sufrir mucho, en vida. Tiene suerte de haber muerto, pues vivir con ese dolor es algo atroz.”. Y ahí quedaba todo.

Y yo me desperté con una angustia terrible. Ha muerto. Me pregunté si era un sueño o real, no lo sabía, y mi tristeza era enorme. Cuando volví a entrar en la visión me vi sentada, llorando su pérdida, con un pañuelo blanco. Sentí en mis entrañas una mezcla de miedo y de asco. ¿Miedo? ¿Asco? ¿Eso es lo que me produce la muerte? ¿Pero no lo había ya trabajado intensamente? Pues no. No lo había trabajado aún todo lo que necesitaba, esto estaba claro. Asco. Miedo. Muerte.

Entonces estaba al lado de mi madre, que estaba tumbada en una cama descansando, y me decía que lo podía ver claramente a su lado, y que le estaba hablando. Ella tenía el don de hablar con las personas que habían muerto, de verlas, y no le asustaban, formaba parte de su don. Y me decía: “No para de hablar”.

Entre muchos despertares y muchos sueños enlazados, puedo recordar algunos detalles más, pero no son nítidos. Recuerdo por ejemplo que pensaba en su mamá, que murió cuando él era pequeño, y sentía que ella le estaría esperando más allá del velo para abrazarle. Y eso me endulzó un poco.

El caso es cómo me sentí, cómo me siento, y qué creo que supone esto en mí y en mi vida.

La tarde antes del sueño sentí que las relaciones con los hombres, en mi vida, habían sido desastrosas. Después ahondamos en manada en las energías disponibles en este momento, las de Samhain. Y por la noche sueño que muere uno de estos hombres, y me siento terriblemente triste. Además descubro que la muerte aún suscita en mí sentimientos de incomodidad profunda.

Me recuerdo también en el bosque donde está la Casita de Luna enterrando una vara de madera con un tejido negro y diciendo a los árboles que me acompañaran en el entierro a mis relaciones basadas en el miedo, en el rechazo hacia mí misma, en el sufrimiento y el desdén. Me recuerdo vestida de negro, arrodillada en el suelo y cavando con la mano un pequeño agujero en el que la depositaba para volver a poner esa tierra encima de ella, hasta que no se pudiera ver.

El día anterior me sentía preparándome para un duelo. “Un entierro”, me dije. Y por la noche acudí a uno.

Quizá enterré parte de mí misma, esa Yo que ya no me sirve ni me servirá más.

Quizá enterré a esos hombres que me enseñaron lo que ahora sé, o a esta parte de ellos, para que no vuelva a despertar sus heridas, cuando me los vuelva a encontrar.

Quizá enterré las relaciones que tuvimos.

Quizá cavé para dejar allí todas las relaciones abusivas de las mujeres de mi linaje. 

Quizá haciéndolo yo las sané a ellas.

Quizá Lúa ya esté liberada de ello. Ojalá.

Quizá la muerte, Maga Poderosa, me vino a visitar cerca de Samhain para arrebatarme lo que más me costaba soltar.

Recuerdo el mito de Innana, y las palabras de su hermana cuando ella vuelve a la luz, diciendo: “Ella era lo que más me costaba dejar ir, y ahora que lo he hecho me siento aliviada, me siento mejor.”

Eso es. Creo. Eso será. O no. 

Pero voy a dejarme sentir, ser, llorar, reír, escribir. Bailar. Ritualizar. Sacralizar. Voy a sacralizar esta Visión-Ritual y voy a elevarla hasta lo más Sagrado para que cumpla su función. Para que algún día releyéndolo pueda sentir la Verdad de todo ello en mí. 

Visión-Ritual: La Maga Muerte

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