Hay algo clave en este acompañamiento. Yo lo llamo el “restablecimiento del vínculo entre la adulta y la niña”, pues la confianza con la mamá o adulta de referencia es básica para atravesar este bosque con seguridad.

Hace casi tres años escribí lo que creía necesario sanar, para poder restablecer este vínculo, y te lo presento (muy resumidamente) aquí. Hoy lo releo y vuelvo a sentir que sí, que no me pude equivocar demasiado.

Si hilamos todos los puntos y los conectamos tendremos el terreno del vínculo mamá-niña o adulta de referencia-niña, suficientemente fértil como para que las semillas florezcan en vínculos seguros, y con apego. De ninguna forma me atrevería a decir que con la realización de estas actividades estableceremos  vínculos sanos con ellas, siempre y en todos los casos, pues cada historia es diferente. Para poder verlo tendríamos que conocer cada caso en concreto y estudiarlo a fondo, además de acompañarnos por algún profesional de la psicología. Pero, lo que es seguro, y esto sí que me atrevo a afirmarlo, es que en los casos de desconexión del Continuum, estos ejercicios ayudaran a conectar, y en los casos de necesidad de vinculo materno, estos ejercicios realizados con amor incondicional, entrega y sin juicio, por parte de la adulta, conformaran las bases para que el vinculo pueda, de nuevo, florecer.

 

  • Sanar la necesidad de cuerpo: El baile y el masaje son dos actividades fundamentales y sencillas para llevar a cabo con nuestras hijas y romper la barrera física que se haya podido interponer entre nosotras. Puede ser en casa, las dos, o incluso podemos, si no vemos factible la primera opción, apuntarnos a danza del vientre o a otro tipo de danza que nos guste a las dos, junto a ella, e ir juntas. Compartir este momento de gran apertura física será un gran paso. Otro hecho que en nuestra sociedad puede no verse muy correctamente es no cerrar las puertas al ducharnos o ir al baño, en casa. No poner límites en lo que concierne a la naturaleza del cuerpo. Así como no ocultar nuestra sangre ni el momento en el que nos introducimos la copa menstrual o cambiamos las toallas higiénicas… Hay un libro muy antiguo y bellísimo, que se llama “La vida amorosa en los pueblos naturales”, de Adolf Tullmann, en el que se hace un trabajo de campo, etnográfico, y explica por qué los pueblos más conectados a la naturaleza no se esconden a la hora de tener prácticas sexuales, de sus hijos o los jóvenes de la tribu. Habla de cómo estos niñxs atraviesan la adolescencia y lo compara en cómo lo hacen los de la sociedad industrializada. Vale mucho la pena leerlo y reflexionar sobre ello.

 

  • Sanar la necesidad de escucha: Cada día, antes de ir a dormir, un cuento, una charla o una visualización.   Y, por supuesto, adquirir el hábito de preguntarle a diario “¿cómo estás?” y “¿qué necesitas de mí hoy?”. Está claro que nuestra hija nos necesita por muchas cuestiones y razones, pero el hecho de formular la pregunta es abrirnos a la escucha y transmitir que estamos aquí para ella y que tenemos en cuenta sus necesidades. Es abrir la puerta a una comunicación asertiva, amorosa, respetuosa y de conexión mutua.

 

  • Sanar la necesidad de tiempo: Agendar cada día, o x días a la semana, una hora íntegra para ella, para hacer lo que ella quiera o para llegar a un trato y hacer algo que a las dos os haga felices. Esta necesidad se colma realizando las propuestas que te propongo a raíz de las demás necesidades, pues todas y cada una de ellas requieren de un tiempo para la niña, y un tiempo de calidad.

 

  • Sanar la necesidad de unidad, de tribu: Una niña criada desde la seguridad de las faldas maternas, de su linaje de mujeres cerquita, es una niña que no se sentirá desprotegida ni sola. Es una niña que tendrá unas raíces sólidas en las que poder dejarse caer cuando lo necesite, y que nunca caerá todo lo hondo posible porque existirá dentro de ella una red invisible que le hará de sostén. Si vivimos cerca de la familia podemos ir a verles frecuentemente. Si esta niña tiene la suerte de tener abuelas, bisabuelas, tías-abuelas…. Por favor, que no lo desperdicie, pues las últimas mujeres de los linajes, las que siguen vivas, son las puertas a la sabiduría y a las heridas del mismo. De ellas son de las que más aprendemos y, a la vez, las que nos muestran lo que tenemos que sanar. Verdadera maestría. Si es posible, haced algún círculo de mujeres de la familia, poned fotografías en medio y que cada una explique lo que desee de ella misma, de su infancia, embarazo, menstruación, vida… Que la niña se impregne de todo ello.

 

  • Sanar la necesidad de sencillez y autenticidad: el exceso de aparatos electrónicos y juegos “online” nos mantienen en el mundo de la fantasía, necesitamos realidad, menos estímulo. Dice Mardía que la sociedad entera sufre déficit de atención, no solo ciertos niñxs, y yo estoy totalmente de acuerdo con ella. En la naturaleza todo lo que está es porque tiene que estar, no hay nada de más, ni de menos, y todo es perfecto en sí mismo. Y así nacemos nosotras. La sencillez y la autenticidad de lo real es la puerta a la consciencia de la maravilla, de la consciencia que nos lleva hacia experiencias de amor incondicional. La terapia de choque en este caso es el contacto con la naturaleza. Por lo tanto, que los fines de semana puedan contener algún espacio para hacer excursiones a la naturaleza con nuestras hijas, si es que vivimos alejadas de ella. Que no sea algo esporádico o raro tocar la tierra, recoger piedras, troncos, hojas… Y jugar con ellos.

 

  • Sanar la necesidad de expresión de las emociones: Trabajar con las emociones desde casa es básico para integrar la consciencia menstrual y sus vaivenes mensuales. Una niña que conoce las fases oscuras del ciclo y sabe que ahí es más fácil sentirse triste o enfadada, por ejemplo, y que además ha integrado que no pasa nada por sentirlo porque está bien, es una niña que tendrá menos ira acumulada y, por tanto menos dolores premenstruales y menstruales, más consciencia emocional y control sobre su propia vida (es necesario poder tomar el control para después, dejarlo ir cuando sea necesario; vivir en unidad es dejar el control y tomarlo después, desde otra consciencia). Te propongo empezar por poner junto a la niña, cada día, una palabra a lo que sentimos (posteriormente este ejercicio se amplia junto con el calendario lunar para integrar las emociones luminosas y oscuras dentro del ciclo, en relación con la luna). En el caso de ser demasiado pequeña para ello te propongo nombrar tú, a diario, delante de ella, cómo te sientes, diciéndole después, en caso de ser una emoción oscura, “nada tiene que ver contigo, puedes seguir creciendo feliz, pues mamá está contigo”. En los dos casos se trata de nombrar la emoción para empezar a integrar los conceptos: alegría, tristeza, enfado, ira, rabia, melancolía, pereza…

 

  • Sanar la necesidad de Ser y crear en libertad: El reto de no intervenir en sus creaciones y permitir que la niña pueda seguir su propio ritmo interior en la creación es básico para el desarrollo del propio Ser. En este punto es necesaria una revisión sobre cómo acompañamos en el juego, principalmente, a nuestras niñas y si les ayudamos en exceso (es excesivo cuando lo hacemos sin que antes nos hayan pedido ayuda). Te propongo que revises tu casa, en el caso de tener una niña en edad exploratoria, para que sea un lugar con la máxima seguridad (un espacio relajado) que le permita descubrir sin muchas prohibiciones que coarten su creatividad, y que revises también los juguetes que tiene:  ¿los materiales son naturales? ¿son todos electrónicos? ¿tienen una sola función o son de los que permiten desarrollar la imaginación de forma ilimitada? Un niño pequeño es capaz de convertir un palo en un cohete espacial, pero quizá una mesa electrónica de actividades no le permita crear con su mente lo que un conjunto de piezas de madera o de telas de colores distintos cortadas en trozos, puedan ser. La infancia es el único lugar en el que una piedra puede convertirse en un sol y una nuez en una nube, ¿permitimos que el juego se desarrolle, de esta manera, o todo está escruto mediante juguetes de usos muy claros y específicos? En el caso de niñas mayores: ¿Le permitimos tener un espacio, más allá de los deberes o de los juegos con un objetivo claro (de mesa, por ejemplo),  para que cree y sea lo que desea Ser?

 

  • Sanar la necesidad de movimiento libre: Aquí entra en juego el haber creado un espacio relajado en casa y frecuentar lugares en los que un niño pueda ser un niño huyendo de los que le limitan en exceso. Puede resultar algo extraño esto último, pero yo creo que es importante. ¿Os suena la imagen de un niño pequeño tirado en el suelo y llorando mucho, en el pasillo de un gran supermercado o centro comercial? Seguramente este niño, con su natural afán de explorar, quería tocar o coger los productos de las estanterías, pues es superior a él el hecho de no descubrir todo lo que está viendo. Y seguramente los adultos de referencia que le acompañan le hayan coartado, pues “eso no se debe tocar”. La vivencia ha acabado en rabieta, en gran disgusto. Y es normal. No todos los lugares son aptos para niños pequeños. Y en grandes ciudades cada vez son menos por muchas razones que derivan de ser una sociedad enferma. Un niño pequeño para desarrollarse plenamente necesita moverse y experimentar, descubrir, tocar, chupar (si está en la fase oral), etc. Cuando más tiempo pase este niño en un espacio en el que pueda satisfacer sus necesidades de desarrollo, más conectado, relajado, tranquilo y feliz, estará. Por lo tanto la propuesta es alejarnos de los lugares en los que la niña no podrá moverse en libertad, tanto como podamos. Rodearla de espacios amables para que integre en sí que el mundo lo es. En el caso de una niña mayor, se trata de que tenga espacios en los que pueda moverse, correr y explorar tanto como necesite. Las niñas en edad de escolarización pasan muchas horas a la semana sentadas, demasiadas teniendo en cuenta su natural necesidad de movimiento. Intentemos pues que esta necesidad sea satisfecha con nosotras.

 

  • Sanar la necesidad de amor incondicional: Decirles que las amamos y que las amaremos siempre, sean como sean, les guste lo que les guste, hagan lo que hagan y sientan lo que sientan, sin “peros”, es el mejor regalo que podemos hacerles a nuestras pequeñas.  Ellas tienen que saber que las amamos sin condiciones, por tanto es necesario reflexionar acerca de nuestra forma de amarles. ¿Las amamos y cuidamos desde el sacrificio o desde la incondicionalidad, es decir, el gozo? ¿Se nos ocurría decirles algo así como: “¿Todo lo que he hecho por ti y así me lo pagas?” (frase típica de mamás donde las haya). Si es así es que no hay amor incondicional, sino deuda. Tener que pagar algo es haber generado una deuda, y haber generado una deuda en términos de amor significa que no hemos vivido la crianza desde el gozo (pues cuando disfrutamos algo no deseamos que nos sea pagado de ninguna manera, el simple hecho de vivirlo ya es un “pago”).

Si deseas acompañar a tus hijas, alumnas, sobrinas, primas… en el recibimiento de la primera menstruación (que es siempre mucho más que eso), si deseas saber cómo acompañarlas en la reconexión con sus cuerpos, con sus energías cíclicas femeninas, si deseas poner las semillas para que sean adultas capaces de vivirse en sus cuerpos de manera plena, si deseas saber más de todo lo que has leído hasta ahora y conocer rituales o tener herramientas para celebrar la primera luna, puedes formar parte del grupo de mujeres #AccesoExclusivoCrianza, aquí. Recorreremos juntas, desde muy pronto, este camino lleno de sabiduría ancestral, pero también ciencia :)

Acompañar a las niñas en su primera menstruación

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