En otras ocasiones he hablado, muy por encima, de esto que me parece tan importante: Criar con los elementos. Hoy mi deseo es hacerte llegar unas cuantas ideas más claras sobre ello, unos cuantos conceptos que te puedan acercar a esta herramienta con el objetivo de que puedas comprender el por qué y emplear en el beneficio de tus hijas e hijos, nietas o nietos, alumnas o alumnos, etc. esta sabiduría tan antigua y poderosa.

Criar con los elementos forma parte de lo que hace ya un tiempo he llamado: Crianza Cíclica.

Crianza Cíclica es, como el nombre indica, un tipo de vivencia que se modifica con el tiempo, que va variando, que no es fija, ni estática, ni inflexible. Tal y como ya es la vida misma.

Los elementos son los siguientes: Aire, agua, fuego y tierra. 

Aire es el pensamiento, la palabra. Las personas que tienen mucho aire suelen ser muy rápidas al pensar, veloces al responder, buenas al comunicar. Impacientes quizá. Fantasiosas, imaginativas, pero racionales también. Las migrañas suelen aparecer a causa de un desequilibrio en el aire.

Agua son las emociones. Las personas que tienen mucho de este elemento suelen ser muy emocionales, pueden llorar de tristeza y de alegría o diversión con facilidad, suelen ser empáticas, amantes del arte y todo lo bello porque les moviliza el interior. Estas personas sienten y ven muchos más matices de los que cualquier otra persona puede sentir. Si el ciclo menstrual sufre de irregularidades por las emociones es por este motivo, porque las emociones son agua y la sangre menstrual es una de las aguas del cuerpo. El pipí (infecciones de orina, tener que ir muy a menudo…) también tiene que ver con ello.

Fuego es la creatividad, el calor que tenemos adentro y que nos impulsa a la acción, a que nuestras ideas no se queden vagando en nuestro pensamiento y se materialicen. El fuego presente en nuestra fase premenstrual representa a este elemento, por ello es una fase tan creativa y activa a nivel interior (aunque pasiva y lenta físicamente). Un exceso de fuego puede quemarnos a nosotras mismas y a los demás.

Tierra es placer a través de los sentidos, cuerpo, disfrute de la materia, de la vida, de lo que nos roza la piel. Mucha tierra puede suponer poca acción, mucha comodidad, a mantenernos demasiado tiempo en “la zona de confort”. Necesitan la seguridad de su entorno, las rutinas, su tiempo en hacer lo que tengan que hacer.

Todas y todos tenemos los 4 elementos adentro, tal y como forman parte de la Naturaleza. Así debe ser. Nuestra responsabilidad hacia nosotras mismas y hacia nuestros pequeños es darnos cuenta de qué elemento nos predomina para poder, así, conocernos mejor y ayudarnos cuando lo necesitemos.

Hay muchas maneras de trabajar con los elementos, en casa empezamos hace un tiempo a trabajar en modo juego e historia a la Diosa Pele, representación del fuego, porque es el elemento que suele escasearle más a Lúa, y haciéndolo he visto y comprobado cómo se le reactiva. Cuando hablamos del Altar Lunar o del altar del hogar, o de la mesa de estación, uno de los aspectos a tener en cuenta es que allí estén presentes, de alguna manera, estos 4 elementos. El simple hecho de tener en nuestro hogar un pequeño sitio sagrado en el que están presentes estos 4 elementos, ya nos armoniza. Pero como siempre, no hay fórmulas: hay muchas mamás y muchos papás y muchas herramientas disponibles para aplicar. Encontrar la nuestra, la que nos identifica, la que podemos sentir adentro para transmitirla desde el corazón afuera, es lo más importante y lo que determinará el éxito o no.

Para conocer qué elemento predomina en una persona podemos acudir a la fecha de su nacimiento. ¿Qué horóscopo es? O a hacerle la Carta Lunar, maravilloso recurso para los más pequeños que, siendo los primeros años de vida, hasta los 7, más emocionales que mentales, es la Luna de su nacimiento la que nos dará la información sobre sus elementos. Además, no nos tenemos que quedar ahí, sino que tenemos que utilizar la observación para darnos cuenta de la naturaleza del ser que tenemos delante.

Cuando nació Lúa le hicimos la Carta Lunar, o la Carta Natal. Me acuerdo que leía el material y me costaba integrar que fuera así, que eso fuera cierto. Fue poco a poco cuando empecé a poder verla de verdad, cuando no era tan bebita y ya intentaba expresarse aunque no supiera hablar, intentaba moverse aunque no podía ni darse la vuelta a sí misma… ¡Y estas energías, las que vi en ella desde tan pronto, se han ido haciendo grandes, han ido creciendo como ella y a través de ella y ahora veo que sí, que ella es eso en todo su esplendor!

Durante estos años me he ayudado mucho de la sabiduría de los elementos en la crianza, y también en mí. Siendo ella muy predominantemente tierra (signo y ascendente) y siendo yo fuego muy predominantemente (signo y ascendente también) pude entender el por qué desde que nació me ofrecía una paz interna tan grande, me enraizaba, me calmaba, me estabilizaba, pero pude también ver como de importante era para ella ofrecer este placer también, y trabajé en el hecho de que nunca se sintiera responsable de ofrecérmelo, pues eso sería ya un gran desequilibrio en su emoción (es decir, mi tierra me la tengo que ofrecer yo, ella no es responsable de que yo vaya muchas veces escasa de ella). Pude entender también por qué la experimentación de los materiales que se le ofrecían pasaba por sentir tanto a través de su cuerpo, y se quedaba rato y rato y rato (cuando los demás niños ya se habían cansado de la actividad) quieta, con esa cara de placer y ese gozo interior. Me acuerdo un episodio en la ludoteca, con 1 año, en el que les pusieron el suelo empapelado y pinturas de dedos para, desnuditos, poder pintar. Lúa estuvo más de media hora pasándose el rodillo por las piernas, las plantas de los pies, la barriga, los brazos, las palmas de las manos… Sentada en el suelo y con una cara totalmente de éxtasis. Mientras, los demás niños estaban tirando las pinturas al suelo, pintando con las manos, colocando el pie en los platos de pintura y corriendo por el papel… Las mamás y la pedagoga decían: “¡Mira la cara de placer de tu hija!”, ¡y yo pensaba que esa cara me recordaba a un orgasmo! Después de eso le he podido ver esta misma cara estando tumbada en la tierra tomando el sol, haciendo la croqueta en la arena de la playa, comiéndose el plato de la comida, o dentro de la bañera. ¡Es tauro, es tierra, es experimentación y placer a través de los sentidos!

Cuando hicimos la mudanza, de Barcelona al pueblo, fueron unas semanas muy duras. De repente Lúa todo lo vivía desde el fuego interior, con rabietas inmensas, con enfados enormes… Y ella nunca antes se había mostrado así. Comprendí que es que ella nunca antes se había sentido así. Le movimos su tierra. Su gran elemento. Así que, a través del contacto físico intenso (incluso volví a cargarla encima como hacía tiempo), el juego en la arena de las playas cercanas al nuevo hogar,  la inmersión en las aguas de la tierra que nos acogía y rituales de agradecimiento al lugar que dejábamos y recibimiento del nuevo (en otra ocasión os hablaré de esto) fuimos (re)encontrando el equilibro. También utilicé florecitas, Medicina Natural, para ayudarla. El resultado fue sorprendente.

¿Y de qué me sirve conocer todo esto? Me sirve para ayudarla. Yo sé que el fuego de la acción la quema, y entra en rabieta. Sé que cuando se le exige terminar una actividad que está llevando a cabo (nunca tendríamos que interrumpir el juego libre de un niño) se bloquea. Sé que para ella son muy importantes las rutinas para sentirse segura y los recordatorios suaves de: “En una hora saldremos de casa y nos tendremos que vestir”, “En media hora saldremos de casa y nos tendremos que vestir”, “En diez minutos….”, “En un minuto…”. Y después: “Cariño, en un momento tendremos que salir, cuando acabes ven que te espero para escoger la ropa contigo.” Y yo ya voy con tiempo porque no siempre viene enseguida, pero cuando viene lo hace contenta. Yo sé que el agua la calma y equilibra muchísimo, y que la bañera no la hacemos solamente por higiene (podría ser una ducha y ya), sino porque añadiéndole algunas plantas medicinales (tierra) como lavanda, caléndula, rosa… Se equilibra, se nutre, la alimentan. La tierra necesita agua para sentir, para conectar con la emocionalidad, para no quedarse yerma. Y ella también tiene un componente de aire grande, ya que la palabra, la comunicación es uno de sus dones, por ello trabajamos juntas el silencio. Jugar en silencio. Estar juntas pero en silencio. Pintar en silencio. Moldear barro en silencio. Porque sino nos pasaríamos las horas hablando y cantando, las dos (yo tengo mucho aire también, tanto que se me suele ir de las manos…) y sé que haciéndolo nos unimos y nos armonizamos, crecemos juntas. Encendemos una barrita de incienso y nos callamos, o lo intentamos. Así como sé que un masaje con aceites o un reiki son para ella actividades que la reconfortan y la nutren a un nivel mucho más que físico o emocional, la hacen sentir plena, viva y la conectan con un amor inmenso que le anima para darlos ella a los demás, también. Y sé que la acción la tenemos que trabajar desde la tierra, desde la calma, desde el placer.  Por ello le preparo “actividades-llama”, espacios creados, minimundos a medio crear, la mesa con las acuarelas y la vela encendida…. Y ella no puede aguantar las ganas de empezar. ¿El deporte? En la naturaleza. Porque la tierra es amante de la belleza, es belleza en sí misma, y no puede quedarse inmóvil delante de ella. Este es uno de los motivos por los que amo la Pedagogía Waldorf, porque uno de los ejes centrales reside en el hecho de preparar las cosas y los espacios para que sean bellos, y yo sé que haciéndolo así, ejercitando unos ojos hacia lo que es bello, cuando sea mayor tendrá mucha más predisposición a ver lo bello de la vida.

¿Lo comprendes? ¿Ves hacia dónde quiero llegar? Si conoces el elemento predominante de tu hijo podrás empezar a conectar con la sabiduría de cada elemento para ayudarle a que crezca lo más equilibrado posible, lo más entero, lo más armónico. Y, así, cuando crezca, se conocerá de una manera mucho más intensa que muchos de los adultos de hoy día, que andamos como perdidos sin saber qué es lo que nos pasa o qué es lo que necesitamos.

Criar con los elementos es acercarnos a nuestra naturaleza interior y bailar con ella, trabajar con ella, en lugar de luchar contra ella y anular nuestro Ser.

Te invito a que, si no lo sabes, mires el signo astrológico de tu hija, así como su ascendente. ¿Qué elementos son? Ahora, con las pocas pinceladas que te ofrecido en este post, observa al pequeño. Saca alguna conclusión, pregúntame si es que hay algo que no entiendes. Intenta poder hacer una descripción de tu hija o hijo, así como la he hecho yo, para conocer los recursos que tienes y aplicarlos criando. ¡Y hazlo contigo misma también, claro! ¿Cómo conocer al otro sin conocernos a nosotras mismas?

Si deseas aprender más sobre esto puedes unirte al #AccesoExclusivoCrianza de este mes, en el que hablaremos de ello además de otros aspectos de la época :) Aquí tienes toda la información.

Crianza Cíclica: Criar con los elementos

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