¿Qué es el ciclo menstrual? Hace años salí a la calle e hice esta pregunta a más de 20 personas. Estaba creando el primer taller sobre el ciclo, y se me ocurrió empezar por ahí para, desde sus respuestas, gestar la semilla de lo que sería la transmisión de esta sabiduría desde Casa de Luna. Pues bien, las respuestas no fueron muy diferentes ni variables… El ciclo menstrual para la mayoría de las personas entrevistadas eran unos días al mes en que las mujeres menstrúan. En ningún caso nadie me respondió englobando las diferentes fases por las que pasamos todas, mes a mes, y mucho menos lo relacionaron con la naturaleza. Su respuesta fue el vivo reflejo de la desconexión potente que existe, en esta sociedad, de lo femenino.

Para la sociedad en general el ciclo menstrual es una sola de las 4 grandes fases que, en realidad, la componen (y además a la única que nombran, ni la conocen). Y es que el ciclo menstrual es mucho más que la última de las fases, la de la sangre. Centrándonos solamente en esta última y obviando a las demás no hacemos más que perpetuar la estructura lineal, el miedo al ciclo de la vida, el desconocimiento del significado real de nuestra naturaleza.

Vivimos en una sociedad en la que los procesos más naturales son temidos: el nacimiento y la muerte. No es en vano, por tanto, que dé tanto apuro darse cuenta de que las energías en las que nos movemos, de manera cíclica, sean justamente estas: las del nacer y las del morir, mes a mes, ciclo a ciclo, luna a luna. Nos da miedo el nacer y nos ponemos en manos de terceros que, habiendo estudiado reputadas carreras que les otorgan unos saberes absolutos y totales, nos dicen cómo tenemos que colocarnos, qué podemos y que no podemos hacer y qué es y qué no es correcto para que todo “salga bien”. Desconfiamos de nuestra naturaleza y de nuestra capacidad de dar a luz, dar la vida, porque no creemos que nuestros cuerpos (¿el mío, en serio?) aguarden ningún tipo de sabiduría, ni memoria animal. Somos seres mentales porque el sistema se ha encargado de desconectarnos del poder de nuestros cuerpos, y no nos planteamos siquiera que si esto se ha venido haciendo desde el principio de los tiempos, en todos los lugares del mundo, y la raza no se ha extinguido, será por algo.

Nos da miedo morir y tememos ese momento. Para muchas personas la muerte es un tabú y no hablan de ello y, si lo hacen, es con un nudo en el estómago. Es tanto así que, incluso las personas que deciden morir de una forma que consideran digna, fuera del mundo hospitalario y/o sanitario, suelen ser tachados de locos o inconscientes por sus seres más cercanos. Porque morir es algo malo, es algo que da mucho miedo y es oscuridad. La misma que de pequeñas nos enseñaron a temer a través de los cuentos y la imaginería popular infantil en los que a las niñas solas y a oscuras (atravesando un bosque, por ejemplo) siempre les sucede algo negativo. Y no es muy difícil darse cuenta de que crear adultas con miedo irracional al nacimiento y a la muerte es crear mujeres alejadas de sus ciclos menstruales, pues estos tienen en sí mismos, el nacimiento y la muerte, mes a mes. ¡Imaginad de qué manera de desmontaría la jerarquía impuesta con mujeres conscientes de sus ciclos! Mujeres sin miedo a parir y sin miedo a morir. Mujeres que abrazarían la naturaleza porque serían conscientes de que ésta son ellas, en sí mismas.

Nacemos simbólicamente cuando la menstruación acaba y el estrógeno aumenta. Esta es la primera fase del ciclo menstrual, la de la niña, la doncella o la virgen. Las energías de esta mujer son las de nuestra niña interior: experimentar, explorar, descubrir y no parar. La energía desbordante y la necesidad de autonomía como hilos conductores. Continuamos cuando llega la ovulación, con la fase de la madre. Aquí nos encontramos con las energías de la que nutre y sustenta, de la que empatiza y ama desde su pasividad activa (imagina la madre que dando el pecho, está quieta, pasiva, pero este “no hacer” tan estigmatizado en esta sociedad no es real, esta mujer está accionando desde su quietud). Llegamos a la tercera mujer cuando nuestra progesterona empieza a aumentar y llega a su punto más álgido, y nos encontramos con la fase más rechazada y odiada, la premenstrual: Chamana o Hechicera. ¡Esta mujer es la caña! Nunca oculto que es mi favorita, pues es la que nos permite hacer limpieza en nuestra vida y en nosotras mismas, la que viviendo desde su cerebro más instintivo sabe lo que le vibra y lo que no, lo que necesita y lo que no (¡cuidado cuando algo nos incomoda mucho en esta fase, porque es de verdad!). Y, claro, es necesario odiarla y dormirla mediante anticonceptivos hormonales porque, si dejamos que hable y que haga, nuestra vida muy posiblemente daría una vuelta de 360 grados (también por tanto el sistema en el que estamos metidas).

Finalmente topamos con la última, la mujer que necesita parar y descansar, recogerse sobre sí misma y estar en soledad. Es la que sangra, la que requiere de un parón exterior para ordenarse por dentro y hacer la revisión del ciclo que acaba, antes de volver a empezar. La que tiene las energías de la anciana que sabe y por ello trasciende de una forma inimaginable para las otras tres mujeres, todos sus conflictos y aprendizajes. Ella conecta con esta sabiduría antigua que vive en cada una porque, gracias al estrógeno que baja, lo mental está off y lo instintivo tiene una grieta por la que colarse y dejarse ver.

Es emocionante vivirse desde la consciencia del ciclo de la naturaleza porque, haciéndolo, te das cuenta del gran aprendizaje mensual al que podemos acceder, las mujeres. No es en vano que en todas las culturas del mundo y en todos los tiempos hayan sido ellas las encargadas de traer bebés al mundo y acompañar las muertes. Lo femenino sano y despierto es una energía conocedora de los dos grandes portales de vida-muerte-vida porque las mujeres los atravesamos energéticamente en cada ciclo lunar. Y todo ello nos aporta, si lo aprovechamos, la gran oportunidad de llegar a convertirnos en mujeres realmente sabias.

Éste último un arquetipo que en nuestra sociedad ha dejado de existir, la de la mujer anciana de la tribu, la que ya no menstrúa, a la que todos los habitantes van a pedirle consejo y palabras de orientación interior. Y es que con el entierro de la sabiduría del ciclo, que no es más que la sabiduría de la vida y de la muerte, enterraron también el respeto hacia los colectivos más vulnerables, pero que más tienen para enseñar a los demás: los pequeños y los mayores. ¿Todo cuadra, verdad? Adentrémonos pues en esta sabiduría tan bien guardada y restablezcamos, como primer gran paso, lo femenino en nosotras mismas. Todo lo demás vendrá detrás.

*Extracto de la introducción del curso “Terapia Menstrual de Casa de Luna”.

El ciclo menstrual: La sabiduría de la Vida y de la Muerte

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