El patriarcado exige que la menstruación se mantenga oculta y la condena como si se tratase de algo vergonzoso. La considera un sucio crimen, una especie de enfermedad. Los estudiosos de la mitología masculina la vinculan con el estigma de la intocabilidad y las religiones con dioses masculinos prohíben que las mujeres en estas condiciones participen en ritos sagrados. Cuando enseñamos a las jóvenes a ocultar su sangre, también las enseñamos a ocultar su inteligencia.
Zsuzanna Budapest

La menstruación ha sido tratada como algo negativo desde hace mucho, mucho tiempo. Este hecho ha repercutido profundamente en la psique de las mujeres, y en su alma. Este descontento y no aceptación de un proceso natural y mágico, que se sucede mes a mes en nuestros cuerpos, ha generado una herida femenina que, si no tratamos de manera consciente, irán heredando nuestras hijas, y las hijas de éstas.

¿Cuántas veces habéis escuchado a una mujer decir algo así como: ¡Qué bien me encuentro! Me ha venido la regla y me encuentro tranquila, como si me hubiese quitado un peso de encima, estoy sensible pero empática, me siento en paz.? ¿Muchas? Yo muy, muy pocas, aunque por suerte alguna.

Dentro de este panorama, desde hace bastantes años, se está defendiendo la “igualdad entre el hombre y la mujer”, pero quizá no nos demos cuenta de que esta frase encierra una trampa en la que muchas de las mujeres ya han caído: la igualdad entre los dos sexos, en una sociedad patriarcal construida por y para la linealidad masculina, una sociedad que no conoce ni quiere conocer la naturaleza cíclica femenina, nos lleva a que la parte femenina tenga que amoldarse, cuál traje hecho a medida, a la masculina, negando así sus deseos y necesidades más viscerales. Pongo como ejemplo la necesidad de muchas mujeres, empresarias poderosas, de masculinizarse para poder continuar con su rol exitoso. Repito, mujeres, que es una trampa. Masculino y femenino son yin y yang: opuestos, distintos, complementarios, necesarios uno para el otro, pero no iguales. En esta necesidad de igualarnos al hombre nos olvidamos de nuestra naturaleza cíclica.

Fotografía de Rous Baltrons

Se trata de andar el camino de la reconciliación con la sangre, de la aceptación de la oscuridad y de la verdadera feminidad cíclica.

Nuestra responsabilidad, como mujeres que transitamos el sendero de la Mujer Sabia, es tomar contacto con nuestra naturaleza (la que nuestras antiguas conocían tan bien) y, paso a paso, mediante esta reconexión, ir sanándonos, ir despertando. De la misma manera, también es nuestra responsabilidad acompañar, desde el respeto y el amor, el camino de las adolescentes que empiezan a transitar el sendero. ¡Qué diferente hubiera sido si nuestra madre o abuela, el día de nuestra primera Luna, nos hubiese preparado una fiesta!, ¡o nos hubiese explicado, con mimo y delicadeza, que no estábamos solas, que desde aquél momento formábamos parte de la naturaleza fértil, y que la Luna se convertiría en nuestra querida guía, Abuela Sabia!.

A partir de este momento os invito a que menstruéis desde la consciencia del descanso, el recogimiento y la reflexión que se merecen los días oscuros del ciclo. Esta es la primera y más importante herramienta para poder contactar con vuestro “yo” más auténtico, el que reside dentro de nosotras, y casi nunca escuchamos. Ahora es el momento.

Haced balance del mes pasado, que es el ciclo que está terminando, y sembrad los deseos para el próximo (empieza el primer día de menstruación). Conoced vuestras sombras: ¿a qué tengo miedo?, ¿qué me mueve?, ¿cómo me siento? Y sed valientes para observarlas. Sois oscuridad porque también sois luz, una sin la otra no sería. Aceptad la oscuridad de vuestras heridas mientras menstruáis (es cuando el velo de la sensibilidad y el subconsciente es más fino, por lo que nos es mucho más fácil hacerlo en estos días en los que, además, el cuerpo necesita seguir un ritmo más lento).

Y más:

  • Mira tu sangre menstrual: ¿te has parado alguna vez a observarla de verdad? Es la sangre de la vida, primer alimento del embrión y la creas, cada mes, en tu propio caldero. ¡Merece ser observada con amor!
  • Huele tu sangre menstrual: acepta su olor particular, intégralo en tu psique, forma parte de ti.
  • Toca tu sangre menstrual: con un dedo, ¿qué tacto tiene?, ¿está caliente?, ¿qué sientes al tocarla: repulsión, curiosidad…?
  • Cuando te atrevas: píntate la cara con tu sangre menstrual (una raya en cada pómulo, una luna en la frente, los labios…), como tú prefieras. Ahora, mírate al espejo y siente tu naturaleza salvaje. Ya nadie podrá encasillarte más en feminidades enfermas, ¡tienes el poder y no tienes miedo!
Imagen de Mónica Usero

Este es el verdadero camino del autoconocimiento menstrual

Si lo has conseguido, vale la pena celebrarlo (ya sabes, copita de vino, baño de espuma…), estás despierta y caminas con fuerza, ya nadie te podrá detener.

¡Bienvenida!

*Estos ejercicios pueden resultar duros e incluso generar rechazo total en alguna de vosotras. Son muchas generaciones de bloqueos y limitaciones, evidentemente, ¡éstos no se sanan en un día! Tomaos vuestro tiempo, seguid vuestro ritmo natural y un día, inesperadamente, habréis cruzado el umbral, os sentiréis capaces. Aquél día será como un nuevo aniversario, ¡porque habrá renacido vuestra Mujer Salvaje!

El ciclo menstrual puede ser un camino de autoconocimiento
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Un comentario

  • Lourdes

    13 de marzo de 2016 a las 17:35

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    Yo siempre me he encontrado «mejor»cuando tenía el periodo,incluso me decían que yo tenía la regla al revés,28 días malos y 2 buenos :-D llegue incluso a escuchar que mi «bienestar» era xq no me había quedado embarazada… Y llegó un momento que me creí bicho raro y sólo «disfrutaba»de mi periodo cuando llegaba a casa,que me cuidaba y me mimaba… contaba los días que faltaban para menstrual con ilusión y me preparaba para el gran momento…
    Ahora se,gracias a ti, que no estaba loca… :-)
    Muchas gracias…

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