Nos remontamos a la Europa precristiana y, en concreto, a Euskadi, para encontrar el significado original de esta festividad.

El día de San Jorge representa el matrimonio sagrado entre el cielo (principio masculino) y la tierra (principio femenino): La tierra simbolizada en esa época como cueva-útero (Mari) y el Sol como Dios Astado (el dragón Sugaar).

“Para nuestros antepasados, las tormentas simbolizaban la unión sexual entre el masculino y el femenino, ya que de dicho encuentro surgía la lluvia semanal que fecundaba la naturaleza.  Y en este apareamiento cósmico, el rayo representaba el poder fertilizador del principio masculino celeste que penetraba en las cavidades uterinas (…). Este fenómeno atmosférico fue interpretado por nuestros ancestros como una serpiente-rayo o dragón (relacionado con los elementos masculinos: fuego y aire).” G. Piquero

Tenemos la suerte de poder ir mucho más allá en esta sabiduría, a través de las tradiciones paganas vascas, que por su origen indoeuropeo y su reflejo en la mitología que aún pervive nos permite adentrarnos en esta festividad.

“Así parece haber quedado reflejado en la mitología vasca que Sugaar (serpiente-macho) es el amante de Mari (madre cósmica). (…) La etimología de Sugaar es sumamente esclarecedora y a la vez polivalente: por un lado puede ser suge (serpiente) + ar (macho), pero otros autores también sugieren su (fuego) + gar (llama). En otras comarcas vascas también se le conoce como suarra de su (fuego) y arra (gusano).

El antropólogo J. M. de Barandiaran recogió hace décadas algunos testimonios sobre Sugaar en las comunidades rurales vascas. Así uno de los consultados afirmó  que suele atravesar el firmamento en forma de media luna de fuego justo antes de una tempestad. Según otro testimonio su aparición es en forma de fuego, pero no se le ve la cabeza ni la cola, es como un relámpago. Además, en muchos pueblos se dice que al juntarse dicha pareja de amantes (Mari y Sugaar) siempre estalla una furiosa tormenta (…).

En euskera la palabra relación se dice harreman, compuesta en su etimología básica por ar (masculino) eme (femenino), pero que también podemos interpretar desde la manifestación dinámica de estas dos energías, así tenemos: Har (tu) del verbo “coger, tomar” y eman, del verbo “dar, ofrecer”. Encontramos pues, en la etimología de esta palabra, una hermosa síntesis lingüística y filosófica de las dos polaridades energéticas de la naturaleza, cuya complementariedad (harreman) conforman la unidad primordial de todos los seres y procesos naturales.

Esta es la analogía contenida en las ceremonias del Matrimonio sagrado neolítico (hierogamia) en las que sus ritos se ocupaban tanto de armonizarse con las fuerzas duales de la naturaleza (femenino-terrestre y masculino-celeste) como con las relaciones humanas entre el hombre y la mujer. Y esto es, en definitiva, lo que simboliza y enseña la relación entre Mari y Sugaar: la armonía y complementariedad entre las dos polaridades de la naturaleza, lo que en la tradición alquímica se denomina andrógino sagrado. Piquero, G. “De la matrística a los imperios patriarcales”.

 

Pero, ¿qué sucedió después? ¿Cómo encajamos esta imagen de la leyenda de San Jorge con los Sugaar y Mari ancestrales?

Portada-San Jorge y el dragón, Paolo Uccello.

 

“Este relato mítico de la Diosa y de su hijo-amante estuvo presente en todas las culturas agrícolas del Neolítico (Europa, Mesopotamia, Egipto, Indo,…) con diversos nombres y distintos matices, hasta que las autoridades eclesiásticas distorsionaron o hicieron desaparecer su primitivo sentido original y convirtieron al Dios Astado de la fertilidad (Cernunnos, Osiris, Pashupati, Pan, Dionisio, Akerbeltz, etc.) en el mayor enemigo de la cristiandad.”

Guillermo Piquero, “El calendario arcaico”

 

San Jorge, como humano heroico, mata al dragón, ya que para el cristianismo éste pasa a ser un ser malvado, de la misma manera que las brujas dejan de ser mujeres sabias para convertirse en maléficas. De esta manera la Diosa, convertida en princesa que necesita ser salvada, se casa con el masculino ciego que ha matado a su propio masculino salvaje interior (el hombre que se autoniega de sus instintos más primitivos), en pro de una religión y de una cultura de abolición de la naturaleza original.

El masculino original ha sido maltratado y tergiversado, en nuestra sociedad patriarcal, igual que lo femenino. Si comprendemos esto podemos, como mujeres, dejar la herida de ser “víctimas esperando al salvador” o “heroínas que no necesitan ser salvadas porque pueden con todo”, ya que son dos caras de la misma moneda. Comprendiendo esto podemos sentir adentro la tristeza de que, tanto el principio femenino como el masculino han sido derrocados, en su sentido más original, a lo largo de nuestra historia patriarcal, y que todos/as hemos sido víctimas y verdugos. Por lo tanto, podemos empezar a restaurar el equilibrio recordando la simbología antigua y reconociendo, en cada tradición, parte de nuestros fragmentos perdidos y olvidados.

Nuestra responsabilidad como adultas que acompañamos niños y niñas en crecimiento pasa por ir ofreciendo pequeñas dosis de sabiduría ancestral, por acompañar desde la consciencia su crecimiento individual y colectivo.

 

¿Cómo vivir el día 23 de abril, San Jorge, de la manera más significativa posible, en nuestro hogar?

Creo que una de las maneras es presentando la figura del dragón, que además suele apasionar a los y las niñas, desde diferentes perspectivas, para acercarse a su protagonismo desde otra óptica que no sea, solamente, la del “malo del cuento”. 

  • Crear una mesa específica o altar:

Prepararemos un altar o mesa específica para esta celebración, en la que expondremos los símbolos más representativos de ésta, y alguna propuesta de actividad.

La tela puede ser roja, simbolizando la gran cantidad de fuego presente en la tradición, así como la sangre del dragón que es derramada para ser convertida en rosa.

También habrá una rosa, a poder ser en macetero, y dos símbolos (la rosa como símbolo del amor, en medio de ellos): uno para representar a la Diosa Mari (la princesa del cuento posterior) y otro para simbolizar el dragón, una imagen. El símbolo de la Diosa puede ser cualquier elemento natural que os conecte con ella, o algún recipiente redondeado que nos haga metáfora de la cueva-útero.

Os propongo dejar los dibujos de Sugaar en esta mesa, con acceso a los colores, ceras…, para ser coloreados en familia y, así, poder enmarcarlos o colocarlos en la mesa del día.

Os propongo también que la imagen central del altar de esta celebración sea muy distinta a la que hemos visto anteriormente, y la que vemos en todos los cuentos de San Jorge, y que coloquemos en su lugar una más parecida a esta:

                                           Artista: Munitia

En esta preciosa ilustración ni la princesa-diosa se ve tan indefensa o débil, ni el dragón tan malvado o terrorífico. Él la mira, y diría que se le ve hasta enamorado. Y ella mira al frente, segura de sí misma, cabello de fuego, y dirigiendo muy bien el camino que la luz de la luna llena vislumbra.

  • Pintar a Sugaar:

Este es el símbolo ancestral de Sugaar.

*Extracto de la sesión III del curso “Crianza Cíclica Primavera – abril”. Si te ha gustado y deseas adentrarte a fondo en el curso, puedes hacerlo, aquí.

*Ilustración de la portada: “San Jorge y el dragón”, Paolo Uccello.

Crianza Cíclica: El significado original del día de San Jorge
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