«A mí la sexualidad se me despertó en el parto».
Sarri Wilde

«El abrirse del parto tiene un gran significado: Tener el cuerpo abierto y disponible para criar a tu bebé. Te abres a dar la vida, con o sin dolor, y este cuerpo abierto y receptivo será el que dará cobijo, alimento, calor, paz, sostén, vida… a tu cría. El dolor rompe con tus límites y rigideces y te prepara para darte toda. La disponibilidad corporal, emocional, espiritual absoluta es dura y, claro, puede doler. La generosidad total es dura, sí, y puede doler. O en el parto, o después, en la crianza. O quizá nunca, quizá es algo que ya integraste en otro momento, o tu madre o tu abuela, y es una sabiduría viva en ti. A mí parir me dolió, y ahora siento el placer más grande que me pueda imaginar.»

Laia Oraá

Es algo que no me había planteado. «¿Qué pasaría con mi sexualidad después del parto?», ni se hablaba de ello, ni prácticamente se escribía, pues yo que me documenté muchísimo, en el transcurso del embarazo y pre-embarazo, no había topado con ningún artículo que tratara el tema y que fuera más allá de: «El sexo en los 40 días posteriores al parto no se aconseja por blablabla…». Y, como durante el embarazo mi apetito sexual, mi hechicera interna, se había despertado y estaba tan activa, tampoco me paré a pensar en lo que vendría después.

Y así pasaron los meses, y un buen día me di cuenta de que mi amante interna se había sumergido de nuevo en las profundidades de la cueva, porque el simple hecho de imaginar a una tercera persona inmiscuyéndose entre mi bebé y yo, me revolvía las tripas. Menos aún imaginar que otro ser que no fuera Lúa se acercase más de lo debido a mis pechos, que eran territorio total y exclusivo de ella.

Comprendí en ese momento que el estadio sexual tan intenso que estaba viviendo desde el parto, era realmente monógamo, porque era entre mi bebé y yo. Sí, cuando Lúa mamaba yo sentía una relajación que se me llevaba con ella al mundo de los sueños, y sí, cuando no mamaba iba a ver si tenía ganas de mamar… Su papá nos llamaba «las yonkis de la teta», porque cuando una pedía la otra estaba allí para satisfacerla. Está claro, clarísimo, por más tabú que sea la sexualidad madre e hijo durante los primeros meses de vida, que Lúa y yo nos satisfacíamos, que lo que una necesitaba lo tenía la otra y se lo ofrecía desde el gozo, no el sacrificio, y que cuando nos saciábamos caíamos rendidas al sueño profundo. ¿Y qué más se puede pedir de un sexo sano, bello y placentero?

Y pasaron unos cuantos meses más. Las cosas iban cambiando, y muy rápido. Yo menstruaba desde el primer mes de parir (sí, aun con lactancia materna exclusiva) y, aunque ni era regular ni las sensaciones eran similares a las de antes, mi deseo sexual hacia afuera iba creciendo a medida que ella también lo hacía. El punto de inflexión fue el día en que, por primera vez, sentí placer consciente y real cuando ella mamaba. Tenía 8 meses y era por la mañana. Se enganchó al pecho como siempre, con ansia, y yo al cabo de poco rato empecé a sentir como si mi útero empezara a dar saltos. Me quedé blanca y sonreí. «¿Así que es esto lo que dicen las mujeres sobre el placer del amamantamiento?». Pues bien, esto se sucedió una y otra vez durante todo el día. Y al siguiente. Y al otro. Y este placer despertó a mi hechicera interna.

No sabría como describir con palabras la puerta que abría ese placer, pero era una puerta del tamaño de un castillo. De repente me sentía conectada a una fuerza sexual que nunca antes había experimentado. No era que tuviera ganas, no era que necesitara sexo, ¡es que yo misma era la sexualidad personificada! Y las ganas de compartirlo eran intensas. Comprendí que el parto conectó entre mi cuerpo y mi fuerza creadora una energía que antes vagaba por encima, o por debajo, pero que no tenía integrada en mí. La sexualidad ahora no era como la de antes, ahora aquello que yo iba buscando fuera ya lo tenía dentro, y lo sabía, vibraba en ello. En ese momento podía llegar mucho más lejos que antes, como si a un viajero que piensa que ha llegado al fin del mundo le enseñan un mapa y comprende que la Tierra es redonda, y que no existe una pared contra la que pueda chocarse y caer.

Una mujer sabia a la que se lo expliqué me dijo: «Bienvenida, esta es la sexualidad vivida desde lo femenino. Experimentaste antes la sexualidad desde lo masculino y el parto te despertó. Ahora disfruta.»

Es complejo y bello a la vez porque el despertar sexual femenino me ha sucedido en un momento en el que estoy tan unida a mi bebé, que resulta complicadísimo encontrar un espacio para compartir con una tercera persona.

Pero quizá esto forme parte del aprendizaje que viene después.

La sexualidad después del parto
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Un comentario

  • Leticia

    14 de marzo de 2016 a las 10:04

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    Qué interesante Laia! La sexualidad post-parto es un tema que me interesa mucho… Aun no soy madre y cada persona-cuerpo es un mundo, pero tengo curiosidad por saber qué cambios puede una mujer vivir o experimentar después de ser mamá. Espero que nos expliques más cosas o puedas dar con algun libro o lectura que profundice al respecto y puedas recomendar. :) Abrazos

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