El próximo martes, día 9 de mayo, Lúa hace dos años. Dos años ya desde que di a luz, desde que vivimos ella y yo, sobretodo ella y yo, una de las experiencias más salvajes de la existencia. Y siento una profunda alegría mezclada con alguna gotita de tristeza, sentimientos que se encuentran y no comprenden bien el por qué tienen que convivir en el mismo presente y dentro de la misma persona, pues es algo contradictorio sentirse así. Pero es. Y lo acepto.

¡Estudié tanto para los dos primeros años! ¡Me preparé tanto! ¡Lo he disfrutado tanto! ¡Lo he sufrido tanto! Ha sido maravilloso.

Y, ahora, casi sin darme cuenta, llega ese momento en el que ella ya va conformando su propio mundo emocional, en el que el “yo” ya predomina, y no siente todo lo que yo siento cuando yo lo siento, y no somos una única nube andando por los parques, emocionándonos al mismo tiempo, sintiendo temor, alegría, amor… a la vez. Ya no. Ella ahora me mira y me pregunta que qué me pasa. Y me abraza. Ella ya es su “yo”. Qué maravilla. Cuánto de sagrado en estos primeros dos años para poder llegar hasta este punto. Cuánto de sagrado para que un Ser que nace dependiendo al cien por cien de su mamá crezca en todos los sentidos hasta convertirse en la niña o el niño que ya no desea ir de la mano por la calle, que lo explora e intenta todo por sí mismo porque necesita sentir que puede, que es digno, capaz. Y qué aprendizaje haber podido acompañarla hasta ahora, y haber podido acallar (lo he intentado mucho, y algunas veces no lo he conseguido del todo) la voz de mi ego para andar a su lado respetándola y sin interferir demasiado justamente para eso, para que sintiera que lo es. Que es capaz de aprender y de hacer, de sentir y de ser todo lo que se proponga.

Y hace una semana sentí profundamente, dentro de mí, que mi puerperio llegaba a su fin. Ahora sí. Ahora lo siento. Ya no me siento una mujer puérpera, ya no lo soy. Ya estoy andando el canal de parto de mí misma y ya puedo ver la luz, ya me llega, me va iluminando poco a poco. Casi estoy fuera del todo. Sin ventosas ni manos frías. Me paro a mí misma como parí a mi hija. Con amor y con dolor. Pero, sobretodo, acompañada de mujeres buenas y sabias. Eso es siempre primordial.

A la vez, hacía días (noches, sobretodo) que había nacido en mí la semilla de un nuevo proyecto. Sentía muy fuerte adentro que en esta muerte y renacimiento de mí misma que me había traído el puerperio, el proyecto que estaba llevando a cabo también moría, pues pasaba a formar parte de mi “yo” que tenía que dejar ir, y que de allí nacía algo nuevo. Y llegó mi Sangre. Menstruaba y paría un nuevo proyecto, una nueva Vida. Y una mujer me dijo: “¿Menstruar y parir a la vez? ¡WooooW! ¿Se puede?”. Y no es que no se pueda, sino que en realidad es lo mismo, pues la menstruación es un parto a pequeña escala, preparación mensual para el hito vital, y yo con cada gota de sangre derramada me sentía un poco más abierta a la Vida y a la Muerte, me sentía canal de esto que había soñado que tenía que llegar. Curiosamente, después de varios meses con premenstruaciones y menstruaciones más dolorosas que nunca, esta fue muy placentera. Casi orgásmica. Tenía que significar algo.

Y fue muy bello no acordarme en este momento, conscientemente, de que una semana después aproximadamente, era el cumpleaños de Lúa, porque sentí entonces la magia de la sincronía más perfecta: La del Universo que me traía, justo cuando sentía que mi puerperio acababa, la luz de un nuevo proyecto. Sin darme cuenta había dejado la cueva detrás y en la fecha exacta salía a la luz. ¡Por momentos y circunstancias como ésta sigo creyendo en la Magia!

Te explicaré más detalles sobre todos estos cambios muy pronto. De momento estoy aún hilando, tejiendo, pintando, escribiendo, sintiendo… Para que esta nueva Vida pueda llegar a ser lo que ha venido a Ser y para que yo la pueda maternar y hacer crecer como se merece.

Con ilusión y mucho amor.

 

Me paro a mí misma como parí a mi hija
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3 comentarios

  • andrea

    8 de mayo de 2017 a las 10:34

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    Aqui te recibimos mujer nueva, más sabia, más completa, más Luz desde las sombras.

    Yo también sentí con claridad eso que tú sientes.
    Fue maravilloso, aunque no tenía tantas herramientas como ahora, pero asi me tocó a mi, y a mi hija. Nuestra experiencia.
    Un abrazo gigante, ansiosa de seguir recibiéndote.
    Amor para ustedes!!
    Andrea

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    • Laia

      8 de mayo de 2017 a las 15:29

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      Gracias como siempre, Andrea. Por estar, por seguir, por ser una mujer de las que he aprendido tanto. Una de las de mi tribu. Gracias!

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  • Mercedes García

    8 de mayo de 2017 a las 16:15

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    Hermana tu luz nos hace ser consciente de lo esencial en la vida. Esta luna de fuego nos acaricia y nos arropa para sentirnos mas unidas y seguras. Yo te pienso y te recuerdo, me lleno de amor cuando conecto con mi útera porque se que tu la sostienes. Cuando escribo se que tu también lo estás haciendo, cuando dibujo nuestros trazos se cruzan creando otra dimension. Quiero abrazarte. Te acompaño asi como tu lo haces con nosotras, para que tu también te sientas arropada. Lua es una niña magica, bonita, tu le has enseñado muchisimo y su camino esta coronado por ramos de flores, viento cálido, dulzura. Ella es amor, recuerdo como te miraba y sonreia, con esos ojitos de luz. Eres un ejemplo pars mi, hermana de mi corazón. Sienteme fuerte y calida, cariñosa. Yo te amo cada dia y enciendo velitas para que todo vaya bien. Tu alma es un gran tesoro, es importante que sigas pariendo amor para mi y pars todas. Porque yo asi me siento luz, alegria. Te respaldamos y amamos como eres porque en ti estan nuestras memorias. Eres muy bonita hermana. Cojo tus manos y las pego a las mias para que nuestro amor nunca se desprenda MujerRegazo

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