Una de mis amigas, compañera de la Facultad, que tiene mal la espalda, ha notado que siempre le viene el dolor de espalda cuando tiene que hacer algo que no desea hacer (esto es así a pesar de que tiene un problema supuestamente «físico» que por sí solo debería explicar sus síntomas). Ha proyectado escribir un ensayo sobre su campo de investigación, pero siempre que piensa en hacerlo y en los colegas con quienes se va a relacionar en el trabajo, le duele el cuello y se le revuelve el estómago. Toda su formación le ha enseñado que publicar ese ensayo es lo que «debe» hacer para progresar en su profesión. Sin embargo, su guía interior, que le habla mediante sus sensaciones corporales, le dice algo muy distinto. Sabe que si quiere continuar sana debe dar el paso decisivo de elegir entre lo que le dice su guía interior y lo que le dice la sociedad sobre lo que es mejor.»
Dra. Northrup.

Tanto socialmente como culturalmente se nos ha enseñado que tener una vida llena de esfuerzo es más valioso que tener una vida llena de alegría. Se nos ha enseñado que «sin sudor y lágrimas» nada podremos conseguir. Es más, se nos ha hecho creer que, cuando una cosa resulta ser demasiado fácil, bonita, perfecta debemos desconfiar de ella. Hay una creencia que las mujeres tenemos muy arraigada y es el hecho de que dedicarnos tiempo a nosotras mismas nos hace egoístas, en lugar de sabias. 

El resultado final de este tipo de creencias es que muchas mujeres adultas luchan para encontrar su lugar, para conocer cuál es esa «profesión» a la que se podrían dedicar, la que se les daría bien, su talento.

La cultura occidental educa a sus niñxs sin tomar consciencia corporal o emocional, así que nos pasamos casi media vida «sin cuerpo», viviendo en el intelecto, dentro de la cabeza: «esto está bien, es lo correcto», «esto es una idiotez», «analizando pros y contras, está clara la decisión final», «en la facultad me enseñaron que este sería el camino más directo al éxito», etc. Pero llega un momento en el que el cuerpo, de repente, aparece. Muestra de manera explícita, porque no hay otra forma de que paremos y demos un giro al timón, sus dolores y males. Y cuando esto pasa, ya no hay vuelta atrás. Tenemos que aprovechar la oportunidad.

Es el aviso de nuestro amado cuerpo guiándonos hacia aquello que nos han enseñado a temer: nuestros dones/talentos/poderes.

El cuerpo, durante toda nuestra vida, nos muestra el camino. Solamente nos falta aprehender a sentirlo.

«Cuando una mujer trabaja haciendo lo que le satisface, su salud mejora.»
Dra. Northrup

Para acercarnos a nuestros «talentos» hay diferentes trucos. Este es uno de ellos:

Siéntate en un lugar tranquilo, un espacio en el que te sientas a gusto, y cierra los ojos. Realiza un viaje al pasado intentándote recordar con 10 años, aproximadamente. Si no eres capaz de hacerlo, que te ayuden tus padres, tíos, abuelos, primos, amigos… Quién fuese que te conociera.

Ahora dime:

¿Qué te gustaba hacer por aquél entonces?

¿Qué deseabas ser?

¿En qué ocupabas la mayor parte de tu tiempo libre?

Este ejercicio sencillo resulta ser de tanta utilidad porque viajamos directamente en un momento de nuestras vidas en el que la cultura, creencias e ideologías aún no nos han calado ni influenciado demasiado.

Las niñas que habéis visualizado, vuestras «yo» del pasado, son las semillas de vuestras Mujeres Salvajes, y necesitan volver a tener VOZ. Ser escuchadas. Estan esperando ser desenterradas para ofreceros la mano y mostraros el camino.

Nuestras niñas, semillas de la Mujer Salvaje
Etiquetado en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *