El otoño se ha ido manifestando poco a poco, desde las últimas semanas del verano, casi de forma imperceptible, aunque constante. Los días han empezado a acortarse, así, la luz ha empezado a disminuir y el sol se ha escondido antes detrás de las montañas, o del mar. Los pequeños han ido notando, porque son seres sutiles y están conectados de forma natural a los ciclos de la vida, cada variación, cada pequeña diferencia, vivan en medio del campo o en una gran ciudad.

El otoño es la estación de la cosecha. Cuando nos disponemos a contar los cuentos de estación, siempre empiezo diciendo una frase, a modo de mantra:

“Durante el verano los frutos crecían en los árboles y, ahora, en otoño, ya están maduros para recolectarlos y comerlos.”

Es una idea sencilla que, además, acompañada de ilustraciones se transmite muy fácilmente y a los niños les encanta.

Tiempo atrás, cuando la vida de los hombres y las mujeres del planeta estaba unida completamente a la naturaleza, las personas se dedicaban a recoger y almacenar alimento en otoño. Este alimento sería el necesario para pasar el frío invierno, para vivir hasta la próxima primavera. Es cierto que ya no vivimos tan apegados a la tierra y que hemos creado un sistema en el que yendo a un gran supermercado podemos encontrar el alimento que deseemos sea la época que sea, y provenga de dónde provenga. Pero sigue siendo relevante saber y transmitir que comer los alimentos que la madre naturaleza nos ofrece en cada estación es lo más sano para nuestro cuerpo y para nuestra alma. En otro post quiero hablaros de los alimentos de temporada para que, si careces de esta información, puedas si lo deseas adquirirla y empezar a crear un sistema de alimentación más apegado a los ciclos naturales. No olvidemos que hay estudios científicos que revelan que los pueblos más sanos son aquellos que comen lo que la naturaleza les da en cada momento, alimentos que contienen las vitaminas y minerales necesarios para vivir con alegría y fuerza cada estación, y que cuanto más natural y libre de químicos sea lo que ingerimos más salud tendremos en el presente, y en el futuro. Por ello, una forma de acercar el otoño a nuestros hijos puede ser a través de dichos populares, canciones o rimas de las frutas y verduras de temporada, por ejemplo. Depende de la edad puede ser muy interesante ir a ver cómo recolectan algunos frutos e incluso pintarlos en el anuario de la naturaleza, un recurso Waldorf muy bello.

Pero, ¿cómo puedo, desde casa como mamá o papá, o como madre o padre de día, transmitir la sabiduría del otoño a los niños?

Hay muchas maneras, y de entre las que me gustan más están las que hoy te traigo:

Los cuentos, las rimas, las canciones o poesías, y las actividades en plena naturaleza.

Los cuentos:

Hay algunos cuentos que en casa son imprescindibles en esta estación, tanto por la calidad de su contenido textual como por sus bellísimas ilustraciones.

  • «Otoño», de Gerda Muller, es un cuento ilustrado de cartoné perfecto para niños de 0 a 4 años. Las ilustraciones muestran la vivencia de los niños durante la estación y son realmente bellas. Un imprescindible para la mesa de estación. «Llega el otoño, terminan las vacaciones y regresamos a la escuela. Por el suelo caen las hojas de los árboles, jugamos con ellas. Por la calle hacemos volar cometas. Llega la tarde y vamos a casa a hacer mermelada. Empieza a hacer frío y los animalitos del bosque se preparan para el invierno.» Ing Edicions.

  • «Pipa y Pele en otoño», Daniela Dresher  es un cuento de formato bolsillo para niños a partir de dos años que forma parte de la colección Pipa y Pele, dos simpáticos gnomos con los que haremos un recorrido por las cuatro estaciones.Tras el luminoso y cálido verano, el año va dirigiéndose lentamente hacia una época de calma. Los lirones, los erizos y los tejones se atiborran para conseguir una capa gruesa de grasa para el próximo invierno. Los ratones, los topos y otros animalitos guardan con cuidado las provisiones. Los árboles se deshojan con las tormentas de viento y las setas olorosas van poco a poco sacando la cabeza bajo las crujientes hojas.

    Pipa y Pele disfrutan del tiempo revoltoso del otoño y aprovechan para salir a jugar mientras la naturaleza canta: cazan hojas como mariposas, hacen volar sus cometas de colores, recogen arándanos y setas, construyen un farolillo con una calabaza…

    Mediante la vivencia de las estaciones y la celebración de sus fiestas, el niño puede vivir de manera inconsciente y profunda un ritmo fijo del año, que le aporta seguridad. El ritmo es algo vivo, portador de salud.

    Pipa y Pele en otoño nos ayudará, a través de sus preciosas imágenes y la armonía de sus versos, a adentrarnos en las bondades del otoño y nos acompañará a vivir con más conciencia esta época de brillantes colores.

  • «El pequeño castor», Amy MacDonald, Sarah Fox-Davies es un cuento sobre amistad, escucha y cooperación.El protagonista de este libro realiza un viaje iniciático atravesando el estanque buscando desesperadamente un amigo. Amplía sus horizontes y vence sus miedos para emprender ese viaje para buscar algo que desea y que necesita. Un viaje en el que no obtiene el resultado previsto pero sí otro igualmente bueno y positivo para él.Es una historia dulce, sobre la soledad, impregnada de naturaleza, animales y amistad.

    El pequeño castor vive solo en el borde del estanque. No tiene familia ni amigos. Es un pequeño castor muy triste y solitario. Pero un día, mientras está llorando, escucha a alguien que también solloza al otro lado del lago…

    Y entonces empieza la emotiva búsqueda de un amigo.

 

Si te gustan los cuentos Waldorf no dudes en mirar la promoción (válida hasta el 21 de septiembre) que estamos haciendo con la Editorial ING: Las cajas de otoño.

Cada caja incluye:

  • Los cuentos Waldorf escogidos especialmente para cada franja de edad.
  • 5 postales de otoño, para la mesa de estación, de regalo.
  • La «e-Guía Tradiciones: Celebrar el Otoño con niños», de regalo.

Rimas y canciones:

“Rimar y cantar es un viaje de ida y vuelta que da seguridad y estimula la memoria. Al ser repetitivo, rítmico y rimado, facilita la comprensión y adquisición de vocabulario. La repetición también es ritmo, y como todo ritmo – el de las estaciones del año, el del día, el musical – tiene un efecto vivificante y saludable sobre el organismo.”

Tamara Chubarovsky

Integré las rimas y las canciones sencillas desde que Lúa era muy pequeña y, desde entonces, no he dejado de hacerlo ni un solo día. Ahora ya lo hace ella misma, con sus ritmos definidos sabe que por la mañana cantamos la canción de los buenos días y antes de un cuento llamamos a las hadas, conoce la rima que precede a lavarse los dientes o a salir a dar un paseo, la de la ducha y la de irse a la cama. Y resulta maravilloso ir cantando, rimando y bailando al ir a hacerlo todo. Las rimas, además, no solamente son positivas para crear unos ritmos sanos, relajados y alegres que ellos puedan integrar para vivir un día a día conectado, sino que además ayudan al habla intercediendo en problemas de logopedia diversos, preparan para la lectoescritura de forma lúdica y a través de la oxigenación en sangre que se produce al formularlas, en el cerebro, hacen que el niño esté más atento y despierto, más presente (gran parte de los adultos no sabe vivir en el presente, estando siempre su mente en el pasado o en el futuro. Fomentar desde bien pequeños este arte es un regalo inmenso para ellos).

  • Rima con juego de dedos “El chaparrón”, Tamara Chubarovsky, (DVD Rimas y juegos de dedos):

“Llueve en la montaña
Llueve en el portón
Niña no te mojes
Con el chaparrón
Niña no te mojes
Con el chaparrón.”

  • Rima con juego de dedos “El ratoncito roedor”, Tamara Chubarovsky, (DVD Rimas y juegos de dedos):

“Ratoncito roedor
En el rancho se metió
Roe roe roe ro
Rabanitos y turrón
Roe roe roe ró
Ratoncito roedor.”

  • Rima con juego de dedos “Rompompom”, Tamara Chubarovsky, (Cuentos para ver, oír y sentir):

  • Rima de Tamara Chubarovsky, (Cuentos para ver, oír y sentir):

“Membrillo, membrillo, amarillo, amarillo.
Mermelada morada, para mis tostadas.”

  • Canción de Tamara Chubarovsky, (Cuentos para ver, oír y sentir):

“Uhuu, el otoño llegó,
Uhuu, el otoño llegó,
Castañas y bellotas
Y muchas otras cosas
Cogen los niños
Con mucho cariño
Uhuu, el otoño llegó.”

  • Canción “Arde lucecita”, de Tamara Chubarovsky, (Cuentos para ver, oír y sentir):

“Arde lucecita,
Brilla sin igual,
En la noche oscura,
Me has de alumbrar.”

  • Rima de Tamara Chubarovsky, (Cuentos para ver, oír y sentir):

“Viene el oso muy despacio
Moviendo sus grandes brazos.
Viene el oso muy despacio
Moviendo sus grandes brazos.”

 

Actividades:

Dependiendo de la edad de lxs niñxs se podrán adaptar haciéndolas más sencillas o complejas, pero ahí está en parte también lo bello de esto, en ir alimentando las actividades año tras año, de forma que el interés en cada tradición y ritual se mantenga y la criatura pueda ir desarrollándose a su tiempo. Es muy importante para mí remarcar que, en niños menores de 7 años no es recomendable dirigir las actividades, sino proporcionar los espacios y los elementos a descubrir para que ellos recreen sus mundos y puedan así desarrollar su creatividad sin interferencias externas. Los adultos solemos tener una imaginación bastante más pobre que ellos, así que dejemos que nos sean maestros. De esta manera, lo que os propongo aquí son ideas-semilla para que, dependiendo del caso y el momento, podáis recrear sin interferir en su propio juego (que es sagrado) o en su propia consecución de los hechos.

Verás como todas las actividades requieren de una visita o paseo por la naturaleza, ¿pues de qué manera podemos realizar actividades afines a esta época si no es adentrándonos en ella?

  • Presentar con rimas, canciones, poesías, cuentos, dichos populares, etc. las frutas y verduras de temporada:

Dependiendo de la edad, ir a ver como se hace la recolección y comerlas, pintarlas, añadir el dibujo al anuario de naturaleza (se trata de un recurso Waldorf que consiste en dibujar y pintar las plantas y elementos de cada estación, con acuarela y lápiz, en un cuaderno. Además, es interesante añadir rimas, frases hechas, poesías, cuentos o historias personales que involucren a los elementos dibujados, en cada página, de manera que crees un cuaderno con tus propias experiencias y nuevos aprendizajes de cada estación).

  • Hacer pinturas naturales:

Id a buscar frutos silvestres y hierbas para crear pinturas naturales. Se trata de pintar en hojas, árboles, piedras, o papel. Necesitarás un mortero y una mano de mortero, cuencos pequeños con tapa, agua, un colador, pinceles, papel y ropa vieja. Machaca cada elemento por separado con el mortero, añade agua si es necesario y deposita cada pintura en un recipiente distinto.

  • Coleccionar elementos de la naturaleza:

A prácticamente todos los pequeños les gusta recolectar, coger pequeños elementos y llevarlos a casa para analizarlos o jugar con ellos. Hacedlo con tranquilidad, siendo el niño el que guíe el paso y el descubrimiento de cada uno de los elementos que haya recogido.

  • Hacer un móvil:

Id al bosque con un cesto, una cuerda o lana, unas tijeras y punzón. Deja que los niños recojan lo que deseen. Una vez hayan recogido los elementos que más les hayan llamado la atención realiza algunos agujeros traspasándolos con el punzón (en el caso de semillas puede costar un poco más), haz un nudo en los extremos de la cuerda y enhebra los elementos en ella. Ate las cuerdas a un palo y llevadlo a casa. Este móvil resulta una decoración preciosa para la zona de juegos o para la mesa de estación.

  • Hacer un mandala:

Es tan sencillo como recoger elementos naturales y disponerlos en el suelo del bosque de una forma armoniosa. Podemos enterrar en el centro algo u ofrendar trozos de alguna fruta a la tierra como abono, conformando éstos una forma que nos resulte terapéutica o bella.

  • Crear molinillos y/o cometas:

Encontrarás instrucciones sencillas para hacerlas en muchos lugares de la web.

  • Saltar en los charcos:

Un dicho Waldorf afirma que no hay condiciones climáticas adversas, sino ropa inadecuada. ¡Calza a los niños con botas de agua y salid en busca de charcos!

  • Saltar encima de montones de hojas secas.
  • Hacer coronas de otoño:

Necesitarás un trozo de cartón fino cortado a tiras de unos 5-6 x 50 cm con cinta adhesiva de doble cara unida a lo largo de uno de los lados de las tiras, una grapadora, más cinta adhesiva de doble cara y un perforador.

Recolectad elementos naturales e id grapándolos o uniéndolos a la cinta adhesiva hasta crear una bonita y lujosa corona de otoño.

  • Conectar con los animales de otoño:

Conectar al niño con la energía del animal de diversas formas como escuchando el sonido que emite o mirándolo, entre otras. Para este punto habrá un post especial.

  • Hacer mermeladas o conservas:

Desde siempre, en estas épocas, en las casas se ha hecho conserva o mermelada. El cuento ilustrado clásico Waldorf “Otoño”, de Gerda Muller, así lo muestra también. Anímate a hacerla con los pequeños.

Si deseas adentrarte en la Crianza Cíclica puedes conseguir el currículum «Crianza Cíclica Otoño», un currículum para acompañar  el ciclo de las estaciones y las tradiciones apegadas a la sabiduría ancestral, para los niños de entre 2 y 7 años. El objetivo es conectar a los pequeños, desde siempre, con la sabiduría de la tierra, del aire, del agua, del fuego, y de las imágenes arquetípicas ancestrales. Toda la información, aquí.

 

*Bibliografía:

  • «La Naturaleza, un lugar de recreo», Danks, Fiona; Schofield, Jo. Ed. Blume.
  • Revista Campanada, núm. 1.
  • «Cuentos para ver, oír y sentir», Tamara Chubarovsky.
  • Ing Edicions.
Rimas y actividades en otoño
Etiquetado en:                 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *