¿Sabes, Luna? Mañana, día 9 de noviembre, cumplimos 6 meses de lactancia materna exclusiva. Seis meses de bebé Lúa, 6 meses de mamá Laia, 6 meses de toda la luz y de toda la oscuridad de este mundo. De tetas fuera, de leche en las sábanas, de cuerpos latiendo al unísono.

Y no sé si cuando me leas entenderás lo que te cuento porque, aquí fuera, en la sociedad del gozo y del artificio, poco se sabe o poco se habla de la importancia de alimentar a los bebés con leche de la madre, directamente de la fuente, directamente de la teta. Un refejo del miedo a la potencia sexual de las mujeres, al poder de la sexualidad sagrada.

 

En tu mundo es posible que te hayan recomendado biberones, sucedáneos… Es posible que te hayan dicho, incluso, ¡que la leche artificial es igual o mejor que la tuya propia! Y que, de la misma manera que vives tu sangre sagrada de vida como algo sucio y vergonzoso, también creas que tus tetas no son capaces de generar medicina, vida, energía vital, para tus cachorros. Y es que sí, durante generaciones consiguieron hacernos creer que nuestro cuerpo sagrado era un mero recipiente de vida, sin vida, sin capacidad de sostener y curar, nos hicieron creer sólo carne.

Pero ahora ya no toca seguir las premisas patriarcales de los dioses de bata blanca y del miedo, no. Ahora es tiempo de enriquecernos con amor a nosotras mismas y dejar de hacerlo con dinero a las multinacionales, es tiempo de reencontrarte con tu cuerpo y amarte desde ahí, desde la sabiduría de tus ciclos y de tus fluidos sagrados. Es tiempo de mirar a tu cría sin creencias externas limitantes y darle, como madre, desde tu instinto intacto (el que conservas desde el principio de los tiempos), lo que sabes que necesita. Y hacerlo desde el placer porque cuidar, nutrir y sostener a tu cachorro, piel con piel, es el orgasmo más largo de tu vida. Es sexo del bueno, del mejor que hayas podido experimentar, del que dos cuerpos que se comunican sin palabras se dan, mutuamente, lo que necesitan a todos los niveles. La maternidad es sexualidad pura si nos dejamos llevar por nuestra loba interna, por la que sabe que vive en cada una de nosotras.

Para mí, haber llegado al mínimo recomendado por los principales organismos de salud internacionales, no solamente porque ellos lo digan y lo demuestren con evidencias científicas, sino porque he sido coherente con lo que sé que necesitaba mi hija, es uno de los éxitos más importantes de mi vida, si no el que más. Pero esto no acaba aquí, pues mi pequeña aún no comerá. Sabemos que no está preparada (no se aguanta bien sentada, no ha perdido del todo el reflejo de extrusión y no tiene mucho interés por la comida), así es que, como hemos hecho hasta ahora, ella seguirá marcando sus propios ritmos y no alguien con bata blanca que ni la conoce.

Respeto hacia ella y respeto hacia mí, pues somos una díada irrompible e inseparable, porque hasta que ella no esté preparada, seré su soporte y sostén de día y de noche, sin considerarme por ello una madre abnegada o sacrificada. ¿Abnegada? ¿Sacrificada? ¡Pero si nunca antes había sentido tanto placer!

El orgasmo más largo de tu vida
Etiquetado en:     

6 comentarios

  • Mari Carmen

    9 de noviembre de 2015 a las 8:46

    Enlace permanente

    Es un placer total y absoluto; yo conseguí darle cinco mese y medio sólo teta, luego pasamos a leche de fórmula pero sin abandonar la teta porque ya sabéis lo que dicen las viejas «si no alimenta al menos le sirve de medicina». Pero al margen de todo esto, para mi darle la teta a mi niña fue algo esencial; veréis, mi gestación fue de riesgo, mi hijita nació por cesárea pero lo malo es que no la vi nacer pues me durmieron entera (es algo que aún no me perdono aunque no sea culpable); conocí a Helena al día siguiente de su nacimiento…qué queréis que os diga, se me hace un nudo en la garganta al escribir todo esto. Aun sin poder tenerme en pie amamanté a mi hija, tumbada, semi acostada, como me iba viniendo mejor. Amamantar a mi preciosa niña fue mi empeño y mi toma de consciencia de querer ser su madre a un nivel mucho más que biológico; fue un posicionamiento, ahí sentí que realmente era madre y le estaré eternamente agradecida a mi cachorra por haberme elegido como madre por encima de todo.
    Gracias, un abrazo, un beso, bendiciones.

    Responder
    • Laia

      18 de noviembre de 2015 a las 17:21

      Enlace permanente

      Me emociona leerte, Mari Carmen!! Qué valentía y qué coraje has tenido al amamantarla aun sin poder aguantarte de pie… Es admirable! Gracias por compartir tu experiencia con nosotras!! Un fuerte abrazo!

      Responder
  • lilian

    9 de noviembre de 2015 a las 12:29

    Enlace permanente

    enhorabuena ! y mientras tu bebe crezca sano, duerma placenteramente y juegue significa que tu leche evoluciona con él y sigue siendo de calidad. Si te sirve mi experiencia, mis hijos han mamado hasta que los he llevado al colegio (3 años). He podido conciliar mi vida profesional con la lactancia perfectamente. Son dos chavales alegres, sociables e independientes. Miden 1,90 aunque el pequeño sigue creciendo, nunca han estado enfermos, salvo algún costipadillo, son excelentes deportistas, les gusta comer de todo y tienen unas notas muy buenas en el colegio. Bueno, el mayor ya esta estudiando en la Uni. ;-)
    Enhorabuena por tu elección. Por una elección natural que en contra de lo que dicen no es más que beneficiosa para madre e hijo y de lo más cómoda y económica. Se puede pedir más?

    Responder
    • Laia

      18 de noviembre de 2015 a las 17:22

      Enlace permanente

      No, Lilian, no se puede pedir más ;) Gracias por compartirnos tu experiencia, mamar hasta los tres años y poder compaginarlo con la vida laboral, sin duda todo un ejemplo!!!

      Responder
  • Nazaret

    11 de noviembre de 2015 a las 19:25

    Enlace permanente

    TE APLAUDO!!!!! Y CÓMO SIEMPRE GRACIAS!!!!!
    He sentido y siento lo mismo.
    Con Aroa,mi hija mayor(ya casi 10 años),lactancia exclusiva hasta los 6 meses y luego me deje llevar por la bata blanca introduciendo alimentos aunque no dejé de amamantarla.Más tarde tuvimos un destete algo brusco a sus 16 meses y es algo que todavía duele,pero el tiempo de amamantarla ahí queda y fue maravilloso.
    Con Nayra fue exclusiva hasta que ella quiso empezar a probar lo que nos veía comer y casi casi no se alimentó más que de teta hasta los 10 meses.
    Tiene 29 meses y sigue siendo su principal fuente de nutrición física y emocional,de día y de noche.
    Agradecida a la vida,a mi cuerpo,a mi y a mi hija!!!!!
    Abrazos fuertes!!!! <3 <3 <3

    Responder
    • Laia

      18 de noviembre de 2015 a las 17:23

      Enlace permanente

      Gracias a ti, Nazaret, por estar siempre ahí :) Qué suerte tus niñas de la mami que tienen. Agradecida de que compartas tus vivencias en esta Casa!!!

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *