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Y continuar

Cuidarnos para poder cuidar. Amarnos para poder amar.  Ser, así -con mayúsculas-, lo que somos en realidad, para transmitir a los demás que también tienen derecho a manifestarse en esencia y plenitud. A los que vendrán. Ser espejo de la luz de los que nos rodean. Y dejar de criticar. Y dejar de etiquetar. Acompañar. Pero irnos cuando lo que está sucediendo nos corrompe por dentro, nos intoxica, nos agota. Porque entonces recordamos que nos cuidamos y nos amamos porque deseamos también poder cuidar y amar. No entrar en batallas que van a dejarnos exhaustas, frías, tensas, rígidas. No. Los cuerpos de las mujeres tienen que estar calentitos, blanditos, tienen que poder cobijar un nuevo Ser, una nueva Idea, la Luna. Los cuerpos de las mujeres tienen que sanar. El tiempo de las guerras surgió en la era patricarcal. Y ya está. Afuera es y será, pero en mi alma ya no más. No. Ya no más. Me digo que lo de dentro es afuera y que, por tanto, si no hay guerra en mí ya no la habrá más. No puedo arreglar el mundo saliendo a batallar. Tengo que poner paz en mi interior para que lo de afuera pueda cambiar. Unir lo masculino y lo femenino en una trenza de puro amor, y sabernos diferentes y complementarios e indestructibles siendo el Yin y el Yang. Visualizo: mi femenino y mi masculino trenzándose, uniéndose fluidamente para terminarse con un lazo blanco, puro, y volver a empezar. Visualizo: Las mujeres de mi linaje y los hombres de mi linaje abrazándose, uniéndose fluidamente, sintiéndose uno, agradeciendo haberse encontrado para tejer juntos la trama de una familia de este mundo. Mirándose a los ojos. Gracias por reflejarme heridas. Gracias por reflejarme amor. Ha sido un placer transitar esta Tierra a tu lado. Gracias.


Perdonar primero para después poder agradecer. A quienes nos hicieron daño. A quienes hicieron daño a quienes amamos. A quienes nos reflejan temor, odio, rabia, incomprensión. Perdonar. Agradecer. ¡Cuánto he aprendido de ti! ¡Cuánto estoy aprendiendo aún! Mi maestro eres tú. Mi maestro soy yo.


Y dejar de temer. Pero no es necesario dejar de llorar. Llorar sana el alma y, haciéndolo, nos resfriamos menos (los mocos son lágrimas no expresadas, ¿por algún sitio tendrá que salir, verdad?), nos bajan menos las defensas, nos fortalecemos más. El cuerpo necesita ser río y fluir. Lloremos si sentimos ganas de llorar. Soy río. Fluyo. Conozco mis mareas internas y honro mis fluidos. Mis fluidos son amor. La leche que brota de mis pechos es amor. La sangre que me nace en el útero es amor. El agua que abandono en la tierra, cuando me siento triste, es amor. Y mi tristeza se convierte así en algo sagrado con derecho a ser y a manifestarse, porque lo elevo hasta lo más luminoso, la sanación.


Pero, de nuevo, dejar de temer. No hay fantasma ni ser que pueda dañarme, más que yo misma. El miedo es la base de la sociedad patriarcal, así estamos quietecitas y no miramos allí donde moran los tesoros que nos harían libres por fin. Y para no temer: Confiar. Confío en mi cuerpo. Confío en mi mente. Confío en mi brújula interior. Confío en mis sentidos, los que se conocen comúnmente y los que no. Confío en mi hija. Confío en mi alrededor. Confío. Nada con lo que no esté preparada para lidiar me puede suceder.


Ser las Chamanas de la Tribu. Las Brujas. Volver a ocupar el lugar que quedó vacío. Limpiar ese polvo de tantos años, generaciones. Y volver. Sentarnos con la cabeza alta y con el corazón/útero abiertos. Y escuchar. Aconsejar sólo cuando nos lo piden. Pero siempre, siempre escuchar. Crear para el bien de nuestra comunidad. Todo lo que nazca de nuestros úteros es medicina para el alma de los que nos rodean. Créemos, pues. Demos a luz, pues. No nos bloqueemos más. Tu don es diferente al mío, pero juntos pueden sanar la humanidad.


Y hacer el amor sintiendo que cada acto, cada fuente de placer, cada orgasmo, lo sienten también las mujeres de las que venimos, incluso las que fruto de su generación no sintieron nunca este placer. Sentir que lo sienten a través de nosotras. Sentir que el placer ya vuelve a formar parte del cuerpo de mujer, en mi linaje materno, en el linaje de las mujeres de esta bella Tierra. Y buscarlo. Buscar el placer en todo lo que hago. Transmitirlo. Hacer de este mundo un mundo placentero, gozoso, amable. Ser Placer para que no quepa el dolor. Ser Placer por honor a las mujeres que nunca lo han podido ser.

Y continuar.