¿Sabes? Creo que la primavera es una época complicada para muchas personas (alergias, astenia primaveral, cansancio generalizado, mal humor…) porque, aunque es una estación de crecimiento, luz y vida, hay un aspecto del que poco se habla, y es la conexión de ésta con nuestra niña interior.

La primavera es de la doncella, de la niña que nace y que crece hasta que le llega la primera menstruación, cuando el rito de paso la lleva de la mano para continuar con la rueda de la vida y pasar a la fase de la madre. Es su estación, la que conecta directamente con sus energías imparables de crecimiento, la que refleja las posibilidades de cambio emocional a través de la meteorología variable.

Sí, la reina de la primavera es la niña, la que ríe con todas sus fuerzas cuando algo le vibra en el corazón y la que llora y tiembla toda cuando siente miedo, abandono o dolor. Es la más auténtica de todas las mujeres, la que, sin condicionamientos culturales (aún), se muestra en el mundo y a los demás tal cual es. Pide cuando necesita y necesita mucho, por lo que se pasa el día pidiendo. Necesita, por lo tanto, sostén emocional, amor, apego, fusión. Necesita una figura que la materne para sentirse segura y llena, para poder llegar a ser una mujer adulta completa, sana.

Y resulta que todas nosotras, hijas de esta sociedad patriarcal, venimos de linajes de mujeres desconectadas del poder de sus propios cuerpos (recordemos que 5.000 años de patriarcado son muchas generaciones) y de sus corazones.

La mayoría de nosotras nacimos del cuerpo de mujeres amorosas, pero violentadas por una sociedad que las hizo creer que su cuerpo era sucio y que no era capaz de parir, ni de amamantar. Mucho menos de llenar de amor a otro ser, de creerse imprescindible para su desarrollo.

Somos hijas de hospitales poco respetuosos, de biberones, de cunas, de cochecitos, de todo tipo de aparatos o excusas para sostener poco en brazos y dormir sin llantos. Somos hijas de mujeres que no pudieron adentrarse en su propia sombra, esa que el puerperio nos da la gran oportunidad de conocer tan y tan bien, porque no tuvieron la información, ni la ayuda, ni las ganas seguramente (pues desconectadas de su propio poder no les parecía importante) de ahondar en sus propios fantasmas para ayudarnos a nosotras, sus cachorritas, a conocernos en totalidad.

Y llega la primavera majestuosa, maravillosa, ¡y de alguna manera nuestro cuerpo nos tiene que avisar de que ya es hora de conectar con esa niña que fuimos y maternarla como se merece!

La responsabilidad ahora, es nuestra, de cada una. Parirse a sí misma es esto, justamente. Es conectar con tu niña pequeña y decirle que ya nunca más estará sola, pues la sostendrás y acompañarás por siempre jamás. Es cerrar los ojos y explicarle que tú eres la que será, y que juntas podréis con todo, y más.

He podido ver esto claramente ahora, que tengo a una niña fuera de mí pidiéndome sin descanso. Ella me ha ayudado a ver que ésta es la energía de esta estación, y la gran dificultad, el motivo por el que muchas personas enferman por estas fechas, o se encuentran mal. Tener un bebé, dentro o fuera de ti (¡¡o dentro y fuera de ti!!) exigiéndote sostén, amor, atención y acompañamiento intensos puede llegar a bloquear a cualquiera en una sociedad en la que lo que no se ve no existe (la sombra, la parte oscura de nuestro inconsciente donde reside nuestra niña y sus heridas) y en la que los más pequeños son molestos en la mayoría de los espacios públicos.

Sí, la primavera es luz, es la expresión de la vida y, como pura vida que es, nuestra niña sale de su escondite interior. Escucha lo que tiene que decirte, mírala a los ojos, dale la mano y acompáñale en el camino que la llevará a ser la expresión más brillante, sana y sabia de la mujer adulta que eres.

La niña dentro de ti
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Un comentario

  • Laura

    27 de marzo de 2019 a las 13:45

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    Como siempre desde hace años, tus post me llegan en el momento adecuado, cómo si me leyeras la mente.

    Un abrazo

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