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Crianza Cíclica: Mabon

Mabon es la puerta al otoño. Si aún no lo has hecho, te invito a que leas primero el #PostMujer sobre esta festividad, aquí.

Es importante celebrar este tipo de eventos con los más pequeños de la familia porque haciéndolo les acompañamos a vivir de manera consciente los diferentes portales de la rueda del tiempo, entradas a las nuevas energías que, a partir de ese momento, se van manifestando con fuerza.

El objetivo principal es anclarles a la tierra y comprender desde adentro el ciclo del tiempo, salir de la vorágine en la que nuestra sociedad está inmersa, solamente desde la superficie, desde la luz, e invitarles a mirar un poco más allá de lo racional para que, a lo largo de su crecimiento, puedan ir haciendo un espacio dentro de cada uno para las diferentes energías, emociones y sensaciones de cada época. Después, de adultos, no va a ser tan fácil que teman la oscuridad, la suya propia, ni que vivan los aspectos intrínsecos de la vida, como puede ser la muerte o las vivencias de transformación interior intensas, de manera patológica o con sufrimiento.

Además, festejar la naturaleza cíclica es algo muy profundo que deja huella en la vida entera de una persona, ya que una niña que, desde bien pronto, festeja la llegada de la oscuridad y no solamente la luz, es capaz de vivir sus propios ciclos vitales desde una mirada de consciencia muy diferente a lo que se nos insta a ver en nuestra cultura actual. De la misma manera, el niño que ha sido acompañado para comprender esta marea, durante cada ciclo, será un adulto mucho más conectado a su parte femenina, mucho más equilibrado.

Podemos celebrar Mabon en la soledad de nuestro hogar, o con nuestra tribu, en compañía, y lo podemos hacer con los pequeñines bien cerca, viendo todo lo que estamos preparando, participando en lo que sea posible, escuchando las canciones de la época y mirando los cuentos que le muestran lo que sucederá a partir de ahora.

Es cierto que, desde épocas ancestrales, esta fiesta se ha celebrado siempre en comunidad, y que si nos es posible compartirla con más personas será ideal, pero también es verdad que no siempre es posible hacerlo, y que este hecho no tiene que suponer un impedimento para que lo podamos celebrar.

Te invito a que te acerques al altar en el que la pasada Luna Nueva festejasteis a Mari o Amalur, y que vuelvas a hablar, a los más pequeños, de ella: Quién era, por qué la celebraban en esta época nuestras abuelas de la Vieja Europa… Si no llevaste a cabo este ritual, puedes leerlo aquí y hacerlo ahora, ya que durante todo este tiempo y hasta la próxima Luna Llena de octubre seguirá siendo su tiempo.

Sería perfecto si en estos días fuerais a recoger flores, hojas secas, piñas, piedras, troncos… Tesoros de la naturaleza.

Coloca una tela naranja, marrón o rojiza en el suelo, y crea un altar en medio. El altar de Mabon. Ponlo en algún sitio en el que pueda quedarse un par o tres de días, o toda la semana. En el centro puedes poner tres velas blancas o de los colores de la época, una calabaza, un bol con frutas de temporada (uvas, manzanas, moras…) y otro más pequeñito con frutos secos (nueces, almendras, pasas…). Además, coloca una jarra con zumo de uva, de manzana o de pera y, claro, los tesoros que habéis recogido en el bosque. Pon también una aguja grande, lana de diferentes colores otoñales, unas tijeras, pegamento y colores con tonalidades marrones, naranjas, amarillas, rojas, granates…

Sentaos alrededor de la tela y encended las velas escuchando la canción de Lisa Thiel, Mabon. Podéis escucharla en silencio y puedes ir traduciendo a los peques lo que Lisa explica en ella, si te apetece y sienten esa curiosidad.

Ahora, pasa la lana por la aguja y empieza a atravesar las flores y las hojas secas, formando una corona. Mide la cabeza de la niña o niño, y átala. Colócale la corona de otoño, explícale que hoy festejamos su llegada. Puedes hacerte una para ti, también, y colocártela.

Después, con la lana y las piñas y troncos podéis hacer guirlandas para decorar la casa, móviles… Pueden ser muy sencillos, eso no es lo importante, la esencia de esta actividad es hacer algo para embellecer el hogar, junto a tus hijos.

Podéis, también, hacer un mandala en el suelo con los elementos que hayan quedado en el altar. Disponedlos en círculo como deseéis, que el resultado os parezca bello es la intención. Este ejercicio se puede hacer en el exterior también, colocando en el centro algunos de los frutos secos que hayáis preparado, como ofrenda para la Tierra, y agradecimiento. De hecho, esta sería una manera bella de terminar este ritual.

 

Imprime tantos mandalas como niños estén contigo y pintadlos juntos, con los colores que habrás dispuesto en la tela del altar. Después puedes enmarcarlos y dejarlos como decoración en el centro de la mesa del comedor, en una pared, en la entrada de casa… O donde desees.

Si deseas adentrarte en la Crianza Cíclica puedes conseguir el currículum «Crianza Cíclica Otoño», un currículum para acompañar  el ciclo de las estaciones y las tradiciones apegadas a la sabiduría ancestral, para los niños de entre 2 y 7 años. El objetivo es conectar a los pequeños, desde siempre, con la sabiduría de la tierra, del aire, del agua, del fuego, y de las imágenes arquetípicas ancestrales. Toda la información, aquí.