Con San Valentín sucede lo mismo que con Halloween. La mayor parte de las personas creen que es una fiesta que no les pertenece, pues es exportada de los Estados Unidos y consolidada aquí porque favorece la sociedad de consumo.

Hay algo de verdad en ello, y es que tanto una como la otra han llegado (otra vez, con otro nombre y de otra manera) para quedarse, pues la fuerza del consumismo se alimenta de ellas.

Pero hay otra verdad que quizá no conozcas, y es que de la misma manera que en su momento te expliqué la procedencia de Halloween en la Vieja Europa, y sus orígenes reales, su por qué, vuelvo a ti otra vez para contarte los de San Valentín.

San Valentín es una fiesta cristiana que se conformó para erradicar los comportamientos lascivos de las personas que vivían en las comunidades de la Vieja Europa, antes del cristianismo, durante esta época, en la que celebraban: Lupercalia.  

Lupercalia es una palabra que deriva de “Lupa”, la loba que amamantó a Rómulo y Remo, a quienes se les atribuye la fundación de Roma.

Durante esta celebración, que celebraban a medidados de febrero, las personas escogían, mediante diferentes rituales festivos, a sus parejas sexuales, y se consagraban al amor y a los placeres del cuerpo, los terrenales, para celebrar así a la fertilidad, al fuego y a la luz. Atributos todos de la diosa Brighid, a la que encomendaban todo este mes.

La primavera estaba ya a mitad de camino, y encendiendo su fuego interior, celebrando a través de él los placeres de la carne que, para ellos, eran Sagrados, es decir, eran puertas que abrían consciencias, eran algo puro en sí mismo, bueno, algo que festejar, estaban llamando a la fertilidad de la Tierra a que despertara de su letargo invernal.

Sabemos que en estas sociedades paganas no había jerarquías como las que tenemos actualmente y que, cuando nacía un bebé, era hijo de la mamá y de la comunidad. Todos los hombres se comportaban como padres o responsables de estos niños y niñas, siendo el hermano o familiar más próximo de la madre el que tenía un rol más paternal. De esta manera no existían las desigualdades entre unos y otros, no había preferencias sociales, ni ventajas de unos sobre otros… Porque todos y cada uno de los niños que nacían, eran hijos de la tribu, de la comunidad.

Posteriormente, algunos de estos hechos fueron cambiando, y llegada la época romana, y viviendo la estructura familiar de otra manera, se seguía celebrando Lupercalia consargándose a la Diosa Juno Februata. En las celebraciones del 14 de febrero se escogían a sus parejas para los siguientes 12 meses, se unían y experimentaban juntos el amor. Una vez pasados estos 12 meses, una rueda anual completa, eran los dos adultos los que decidían si consagrar su unión mediante el matrimonio sagrado, es decir, unirse para siempre, o no seguir con la unión. En ese caso volverían a escoger pareja en las siguientes celebraciones de Lupercalia y el juego volvería a empezar.

Cuando el emperador Constantino decretó el nacimiento de la religión católica hizo desaparecer estos ritos transformándolos en la fiesta de la Purificación de la Virgen María. Así, poco a poco, todos estos ritos sexuales vividos y sentidos como algo bello, sagrado y purificador en sí mismos, que nuestros antepasados paganos vivían, fueron transformados en algo sucio, pecaminoso y digno de ser purificado.

Es tiempo, entonces, de plantearnos de manera sincera, cada una de nosotras, cómo sentimos y vivimos la sexualidad en nuestra experiencia. ¿Creemos que la religión ha jugado un papel relevante en nuestra vivencia? ¿La podemos experimentar como algo Sagrado, bello, camino hacia la luz, como hacían nuestros antepasados conectados a la sabiduría de la tierra?

En estos días y hasta que llegue el 14 de febrero podemos preguntarnos acerca de todo esto y reflexionar hondamente para, así, decretar nuestra propia celebración, nuestra Lupercalia especial, en ese día, y vivirla de la manera más bella, satisfactoria y libre (de nuestros propios juicios) posible.

Si deseas saber más sobre Lupercalia y empezar a trabajar a un nivel más intenso contigo misma, para vivir la festividad del amor de la manera más consciente y conectada a su significado real, que nunca: “La sexualidad como placer y como camino hacia la luz”, puedes unirte a nuestro taller online: Lupercalia, el origen real de San Valentín”.

Si deseas celebrar esta festividad en familia acercando a tus hijos a la sabiduría de la época: “El amor sin connotaciones de género, de jerarquías, de…. El amor hacia uno mismo, base para todos los amores que vivamos a lo largo de nuestra vida., Llevando a cabo un ritual de amor y respeto hacia el propio cuerpo, de afirmación y de veneración hacia lo que somos, podéis uniros a Crianza Cíclica invierno – febrero en el que, entre otros aspectos, nos prepararemos para ello.

Lupercalia, el origen de San Valentín
Etiquetado en:                 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *